Presencia y evasión

Jalisco /

El Jardín de las Delicias de Jerónimo el Bosco abierto muestra en los tres paneles El Paraíso, El Pecado y El Infierno, pero cerrado son dos paneles grises. Representan a la Tierra en el tercer día de la Creación. En la esquina superior aparece Dios con la Biblia. La Tierra está suspendida dentro de una esfera transparente, que podría ser el Universo. En la Edad Media la imposición era la Tierra plana, en la pintura es una superficie plana que parte en dos la esfera.

Sin embargo, el Universo es esférico pero limitado a las dimensiones del globo. De la boca de Dios sale un rayo de luz que se dirige a la esfera, la ilumina. La palabra es la que crea, la Biblia está escrita antes de los hechos, representa un plan preconcebido. Dios lleva una tiara, la iluminación que surge de su mente, el Bosco lo representa desde la inteligencia de su palabra que es capaz de realizarse en hechos. La simbología se enfatiza con las palabras del Salmo 33 “Ipse dixit et facta sunt”, “Él mismo lo dijo y fue hecho”.

Lo más trascendental de la pintura es la presencia del vacío y la nada. Es una pintura metafísica. Dentro de la esfera, la Tierra divide lo existente en la parte superior, el cielo, vegetación, hay un espacio contenido que soporta vida. Debajo está el vacío, no hay oscuridad. Fuera de la esfera, está la nada, es la negrura del todo que envuelve a la esfera, la creación parte de la nada. En la pintura la esfera ingrávida, suspendida guarda dos estados antagónicos, uno es inalcanzable.

El vacío exige fronteras, su existencia depende del espacio que le da forma, el lugar que puede albergar el espíritu y el silencio. La nada es expansiva, lo cubre todo, es absoluta. La creación que parte de la nada requiere un espacio de vacío, se verá inacabada porque eso le da el poder de continuar. Ese vacío es espacio para pensar, y meditar. El Bosco abre y cierra El jardín de las Delicias con una visión filosófica que explica el paso del orden al caos. El Paraíso es el orden, el equilibrio de la Naturaleza. Son Adán y Eva, la vegetación y los animales en su ecosistema, un gato se devora a una lagartija, es la cadena alimenticia que promete sustento.

En el panel central el placer se convierte en Pecado, la insatisfacción involucra todo lo vivo. El cuerpo se explota, desgasta y agota. Desciende al Infierno y los sentidos, esas ventanas al mundo, son castigados desde la exacerbación. El Bosco traza el trayecto: La nada, la creación, el vacío, el mundo, el orden, el caos y la eternidad del castigo. Es un ciclo cerrado, reúne a la nada con la eternidad. La Biblia escrita antes de los hechos se convierte en destino incuestionable, no es un testimonio, es una orden. En la grisalla aparece el Salmo 148 “Él mismo lo ordenó y todo fue creado”. La nada y el vacío son creaciones y a su vez son puntos de partida. El caos propone la destrucción de la obra para iniciar de nuevo el ciclo. No hay misión, es un juego sin reglas ni ganadores.


  • Avelina Lésper
  • Es crítica de arte. Su canal de YouTube es Avelina Lésper
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