El 'rally' que desafía al petróleo

Ciudad de México /
ALFREDO SAN JUAN

El recrudecimiento de tensiones en Medio Oriente reactivó un viejo temor en los mercados: el shock energético. En un contexto de elevada volatilidad el petróleo llegó a superar los 120 dólares por barril antes de retroceder. Aun así, la reacción de los mercados fue contenida.

Mientras el crudo escalaba y luego se moderaba hacia la zona de 110 dólares, el S&P 500 marcaba máximos históricos, incluso en un escenario que recuerda el libreto clásico de estanflación. Pero en el régimen actual ―marcado por shocks de oferta y megafuerzas― la lectura es menos lineal, observándose mayor dispersión entre sectores y países.

Lejos de ignorar el riesgo, los mercados parecen intentar ponderarlos. Es claro que el alza del precio del petróleo actúa como un impuesto global, encareciendo transporte, insumos y energía. Sin embargo, su impacto macroeconómico depende de dos factores que siguen abiertos: la duración de la disrupción y su traspaso a la inflación subyacente. Este punto es clave en un “mundo moldeado por la oferta”, donde restricciones de suministro pueden dominar la macro. Mientras esas respuestas no se aclaren ―y el shock sea percibido por el mercado como acotado― la renta variable puede sostenerse.

El segundo soporte han sido las utilidades corporativas del primer trimestre. Los resultados publicados hasta ahora muestran una sorpresa positiva generalizada. Con casi 60 por ciento de las empresas del S&P 500 habiendo reportado, más de 80 por ciento superó expectativas, con crecimiento de utilidades de dos dígitos. Más relevante aún es el mensaje de la dirección futura: márgenes resilientes y una demanda que, pese a la incertidumbre geopolítica, sigue mostrando solidez.

En este contexto, la fortaleza de utilidades en EU ha permitido darle sustento a una postura más favorable hacia activos de riesgo. En particular, acciones estadunidenses y de mercados emergentes de manera selectiva, con inteligencia artificial como eje central de inversión y expectativas de crecimiento. Una vez más, la clave para mantener esta posición es la duración del shock energético.

A ello se suma un factor estructural: la concentración. Las megatecnológicas siguen dominando el desempeño relativo, apoyado en su escala y capacidad de inversión. Desde el inicio del conflicto, EU ha mostrado un mejor desempeño que Europa, con el sector tecnológico ampliando la dispersión. El mensaje es claro: incluso con mayores costos, se sigue premiando a los “ganadores” estructurales.

Nada de esto implica ausencia de riesgos. Las presiones inflacionarias ya estaban latentes antes del shock y los bancos centrales enfrentan un margen de maniobra más estrecho. Un precio del petróleo sostenidamente en niveles de tres dígitos reforzaría esa restricción, dificultando recortar tasas.

En el contexto mexicano, un alza sostenida del precio del petróleo puede añadir presiones inflacionarias y de costos. Aunque México es un país productor de crudo, el efecto fiscal neto no es necesariamente directo, ya que las medidas para mitigar el impacto en los consumidores pueden implicar reasignaciones presupuestarias. México enfrenta este entorno con un papel relevante en manufactura e integración de cadenas de suministro, un tema que cobra mayor importancia en un mundo con shocks de oferta y búsqueda de resiliencia. A la vez, la situación macroeconómica sigue exigiendo disciplina y monitoreo de la inflación y de la sostenibilidad de las cuentas públicas para preservar la estabilidad en un contexto global donde la energía puede permanecer más cara por más tiempo.


  • Axel Christensen
  • Director de Estrategia de Inversiones para América Latina de BlackRock
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