Dos terceras partes de la población mundial consumen contenidos en plataformas y redes sociales, dedicando en promedio 18.5 horas semanales a dicha actividad. YouTube, Facebook, Instagram y TikTok son los canales preferidos por los usuarios que encuentran información, entretenimiento e interacción, con apenas unos clics y desplazamientos por la pantalla.
El crecimiento de las redes ha generado que millones de personas se conviertan en creadores de contenido considerados como fuentes confiables de información de todo tipo, así como prescriptores de marca y —en muchas ocasiones— empresarios por mérito propio.
Ejercen una influencia social al establecer vínculos con su comunidad, aunque también están expuestos a convertirse en “víctimas” de la cultura de la cancelación, perder seguidores y patrocinios, enfrentar graves crisis reputacionales e incluso comprometer su salud física y mental.
La italiana Chiara Ferragni perdió millones de euros tras un escándalo por fraude, mientras que el bloguero Perez Hilton se autolesionó mientras transmitía en vivo a través de TikTok, y la “influencer” española RoRo Bueno fue acusada de hacer trampa, por usar un casco distinto al de su rival durante una pelea de box amateur.
Sin duda, la situación más extrema fue la del creador de contenido sinaloense asesinado frente a un restaurante de comida rápida mientras le hablaba a su audiencia.
El joven se convirtió en una víctima más de la guerra entre carteles por haber dado señales de apoyo a uno de los grupos.
Un creador de contenido comparte experiencias y puntos de vista sobre temas diversos, pero también revela una amplia cantidad de información acerca de su vida privada, creando así lazos de confianza con sus seguidores.
Cuando presenta un comportamiento cuestionable, como hablar de un tema que desconoce, recomendar marcas que no usa o exponer a sus hijos menores de edad, la personalidad de internet compromete lo más valioso que tiene: su reputación.
Y nos lleva a preguntarnos, como público, qué contenidos estamos consumiendo y qué impacto están teniendo en nuestra manera de pensar y actuar.
Azucena.baez@iberotorreon.mx