Exceso de lluvia y escasez de agua

  • Citnova
  • Beatriz Adriana Gómez

Hidalgo /
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Cada temporada de lluvias se repite una escena conocida: vialidades inundadas, drenajes colapsados, tránsito paralizado y dificultades para llegar a los hogares, escuelas o centros de trabajo. Aunque estas afectaciones suelen atribuirse a la intensidad de las precipitaciones, también están relacionadas con la manera en que hemos planeado y transformado nuestras ciudades.

El crecimiento urbano ha sustituido terrenos naturales y áreas con vegetación por viviendas, vialidades y superficies de concreto. Esta transformación disminuye la capacidad del suelo para absorber el agua. En lugar de infiltrarse lentamente, la lluvia escurre con mayor velocidad, arrastra residuos y ejerce presión sobre una infraestructura hidráulica que muchas veces resulta insuficiente.

Surge entonces una paradoja: padecemos inundaciones durante las lluvias y, al mismo tiempo, enfrentamos estrés hídrico. El agua corre por las calles, pero no logra infiltrarse para favorecer la recarga de los acuíferos. Tenemos agua donde causa daños y nos hace falta donde podría contribuir al abastecimiento futuro.

Ampliar drenajes y limpiar alcantarillas es necesario, pero no suficiente si continúa aumentando la superficie impermeabilizada. También se requiere revisar cómo y dónde se autoriza el crecimiento urbano, proteger las zonas de recarga, conservar los escurrimientos naturales y recuperar la cubierta vegetal.

Además, es necesario incorporar infraestructura verde, como jardines de lluvia, pavimentos permeables, sistemas de captación pluvial y corredores arbolados. Estas alternativas ayudan a retener e infiltrar el agua, disminuyen la presión sobre los drenajes y permiten aprovechar la lluvia en lugar de considerarla solamente una amenaza.

Los instrumentos de planeación, ordenamiento ecológico y gestión de riesgos contienen información valiosa. El reto es lograr que realmente se orienten las autorizaciones y los nuevos desarrollos. No basta con tener programas, mapas y reglamentos si las decisiones territoriales se apartan de ellos.

Vivir la ciudad de manera armónica exige reconocer que el suelo, el agua y la vegetación también son infraestructura. Las inundaciones y la escasez no son problemas separados: ambas evidencian la urgencia de planear ciudades capaces de crecer sin perder su equilibrio ambiental.


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