“A cien años de aquel 1926”

  • Posteando
  • Bernardo Barranco

Estado de México /
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El episcopado mexicano emitió un mensaje, este 31 de julio, titulado “A cien años de aquel 1926 – El conflicto religioso en México”. Con cierto tono dramático lo subtitula así: Callaron las campanas de los templos, habló su sangre.

El mensaje recrea los 100 años de la entrada en vigor de la “Ley Calles” precisamente el 31 de julio de 2026 y la respuesta de la Iglesia mexicana de suspender en todos los templos del país la celebración de cultos. Estos hechos detonan la llamada Guerra Cristera, 1926-1929, una confrontación bélica y fratricida que costó la vida a más de 250 mil mexicanos.

El texto en su conjunto es laxo y no entra en realidad a los hechos de fondo ni a sus consecuencias trágicas. Aunque pocos lo recuerdan, los obispos exaltan la consigna cristera: ¡Viva Cristo Rey! A cien años, dicen los obispos, ese grito sigue siendo un programa. Los prelados exaltan el martirio de la gesta cristera con dramatismo reconocen la entrega y el martirio de los católicos combatientes.

Los obispos advierten, para que su palabra no sea instrumentalizada, que no conmemoran una guerra ni promueven una revancha. Los obispos aseguran en el mensaje que no idealizan la violencia ni exaltan las armas.

Sin embargo, no aclaran por qué los combatientes cristeros se sintieron traicionados por los obispos al no tomarlos en cuenta en las negociaciones con el gobierno. Los acuerdos de 1929, después llamados “arreglos” por los propios cristeros, fueron negociados por el presidente interino de México, Emilio Portes Gil, en representación del gobierno, y la jerarquía católica a través del arzobispo Leopoldo Ruiz y Flores y el obispo Pascual Díaz.

El proceso fue mediado por el embajador estadunidense Dwight Morrow y contó con el seguimiento de la Santa Sede. En la negociación por la paz, la postura de los obispos estuvo dividida. Si bien inicialmente apoyaron la resistencia pacífica y la suspensión del culto, la mayoría del episcopado y el Vaticano se opusieron a la lucha armada a gran escala, buscando una solución negociada desde el principio.

A pesar de que el gobierno se comprometió a una “amnistía”, los combatientes cristeros quedaron en estado de indefensión. Los católicos levantados acataron la decisión de entregar las armas. Pero poco tiempo después se desató una feroz y sangrienta persecución contra los guerrilleros de Dios

Lo justo hubiera sido que los obispos hubieran iniciado el reciente mensaje pidiendo perdón a esa feligresía que generosamente se entregó.


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