El colibrí, poderoso símbolo político

  • Posteando
  • Bernardo Barranco

Estado de México /
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¿Quién no admira y quiere al colibrí? Su imagen simbólica es muy potente. Un ave que goza del agrado y la simpatía de casi todas las culturas. Los colibrís tienen un plumaje colorido, su tamaño es minúsculo, su forma de volar es peculiar por su intenso aleteo y pueden suspenderse en el aire mostrando una delicadeza de la naturaleza. Se le asocia con las flores ya que se alimenta del néctar. Para muchas personas la cercanía con un colibrí trae buena suerte y es muy valorado y admirado por muchas civilizaciones.

No es casual que fue elegida como la imagen institucional del gobierno de la 4T en el Estado de México. Su diseño se aparejó con los colores morenistas. En el Día Internacional de la Mujer, la gobernadora expresó que se trata del símbolo de las mujeres porque “todas vuelan por sus sueños y que no se trastoquen por una limitación o por miedo”. La maestra externó que el colibrí es un símbolo femenino por lo que se consolida como la imagen oficial del gobierno.

En diferentes regiones de América se tienen distintas percepciones del colibrí. En la cultura náhuatl, la leyenda cuenta que en el principio los dioses creadores Xipe Tótec, Tezcatlipoca, Quetzalcóatl y Huitzilopochtli hicieron a todas las criaturas de barro y maíz. Al terminar, se dieron cuenta que no habían encomendado a alguien que llevara los pensamientos y buenos deseos de un lugar a otro.

Ya no quedaba barro ni maíz para hacer a otra criatura, entonces un brillo atrajo la mirada de Huitzilopochtli. Era una pequeña piedra de jade, a la que talló y dio forma de punta de flecha. Al juntarse, los dioses soplaron sobre ella para darle vida, convirtiéndola en una pequeña ave cuyas plumas brillaban con los colores y la intensidad de las piedras preciosas.

Así lo dejaron ir al mundo a esparcir bendiciones para los hombres. Al ver a los colibrís, los humanos intentaron cazarlos para adornarse con sus bellas plumas. Los dioses, furiosos por tal atrocidad, amenazaron a los hombres con castigar severamente a quien se atreva a lastimar a esta ave. Entonces la hicieron más pequeña y rápida ¡Inatajable! Esta leyenda tiene su origen en la cultura mexica, civilización que fundó la gran Tenochtitlán.

En un poema de Octavio Paz, llamado La exclamación, se expresa así:

“Quieto, no en la rama en el aire. No en el aire, en el instante: el colibrí”


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