El gran teólogo católico de origen suizo Hans Küng falleció el martes 6 de abril, a la edad de 93 años, en su casa de Tübingen, en Alemania. Es el teólogo del siglo. Su obra y pensamiento marcaron la vida del pensamiento progresista de la Iglesia contemporánea. Crítico de la alta burocracia vaticana y de la infalibilidad del Papa, en numerosas ocasiones se enfrentó al poder burocrático del papado. Sólido, contestatario, rebelde, estuvo apegado a las grandes renovaciones del Concilio Vaticano II. Siendo muy joven fue consultor del Concilio junto a su amigo Joseph Ratzinger, futuro Benedicto XVI, a quien después le acusó de haber traicionado los principios innovadores del Concilio.
Han Kung nació en 1928 en Lucerna, Suiza, estudió en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y obtuvo su doctorado en Teología en el Instituto Católico de París. Se doctoró también en la Sorbona. Se ordenó sacerdote en 1954. Tiene una influencia con la llamada nueva teología francesa. Próximo a autores de vanguardia de mitad del siglo XX, como Teilhard de Chardin, Henri de Lubac y especialmente Yves Congar.
Ordenado en 1954, comenzó a enseñar en la Universidad de Tübingen. Impulsó el rol de la mujer en la sociedad y en la Iglesia, del ecumenismo, del diálogo con otras religiones, de los sacerdotes casados y la renovación de la Iglesia; impulsó un espíritu sinodal a favor de la eutanasia, la opción por los pobres y apoyó la teología de la liberación. Sobre todo reivindicó la libertad de pensamiento teológico.
Por sus posturas de vanguardia, Hans Küng fue sancionado por Roma quien le prohibió enseñar en las facultades católicas por decisión de la Congregación para la Doctrina de la Fe en 1979. Por ello, la Universidad de Tübingen creó entonces especialmente para el profesor Küng el Instituto de Investigaciones Ecuménicas, que le permitió enseñar hasta 1996, fecha de su retiro.
Su obra intelectual es descomunal y enciclopédica. Tuve el privilegio de conocerle en el año 1983 y conducir una ambiciosa serie documental para la televisión, 15 capítulos, en su versión de habla hispana sobre las diferentes religiones del mundo en base a sus obras y un guión supervisado por él mismo. Por supuesto que me identifico con el espíritu contestatario, a veces perturbador, de Kung. Dedicó la mayor parte de su reflexión a la evolución de la Iglesia bajo un espíritu de renovación al que permaneció apegado toda su vida. ¡Salve, querido profesor!
Bernardo Barranco