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¿La Amazonía ante el fin del celibato sacerdotal?

Bernardo Barranco

El Papa Francisco inició ayer domingo el Sínodo de Obispos para la Región Panamazónica, que se realiza del 6 al 27 de octubre en Roma. Se van tratar los diversos problemas que afectan a esta extensa zona de América Latina, un área de 8.1 millones de kilómetros cuadrados.

En el corazón de Sudamérica habitan cerca de 37 millones, de los cuales existen casi 3 millones de habitantes indígenas. Y uno de los temas que destaca es el celibato sacerdotal. Se reunirán los obispos de 10 países que comparten la exuberante selva del amazonas, poblada por pueblos originarios, entre el aislamiento de comunidades que apenas alcanzan a ver a sacerdotes pocas veces al año.

Los pueblos originarios no conciben desde el imaginario animista la separación entre el cuerpo y el alma. En las diferentes formas de chamanismo sus guías espirituales son fértiles como la tierra y la vida. Son el puente entre el mundo material y el del universo de los espíritus. La tierra es la fertilidad en el sentido más profundo de su concepción.

La reunión convocada por el Papa Francisco ha levantado muchas controversias. En el documento preparatorio llamado “Instrumentum laboris” se pide que, para las zonas más remotas de la Amazonia, “se estudie la posibilidad de la ordenación sacerdotal para personas ancianas, preferentemente indígenas, respetadas y aceptadas por su comunidad, aunque ya tengan una familia constituida y estable”.

La derecha conservadora católica ha levantado el grito al cielo. Dicen que se trata de una más de las herejías del Papa Francisco. En realidad el Papa argentino sido ambiguo frente al tema. En un principio aseguró que el celibato no era un dogma y después lo rechaza a título personal, pero deja la controversia para que teólogos e historiadores aborden un tema tabú en la Iglesia católica.

Debido a la escasez de sacerdotes en zonas remotas, se ha sugerido la necesidad de que hombres casados reciban esta ordenación. Pero para los pueblos originarios, la fertilidad de un ministro religioso es obligatoria garantía de ser un adecuado vehículo de comunicación con las ánimas presente en la naturaleza. El tema no es nuevo en zonas de pueblos originarios.

En México, en los años setenta, Ernesto Corripio, arzobispo de Oaxaca, reconoció en medio de escándalos que la mitad de sus sacerdotes tenían mujeres. Samuel Ruiz resolvió este dilema con los catequistas casados. ¿La Iglesia se atreverá a nuevos caminos?

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