¿Qué me dice usted, al ver que los futbolistas entran o salen a la cancha persignándose? O las cábalas de los porteros que echaban agua bendita a los postes. Toninho, el “bíblico” antiguo jugador del América que regalaba Nuevos Testamentos a sus contrincantes. Kaká, otro ejemplo. O Maradona, quien en una final mete un gol con la mano, al ser inquirido por los reporteros respondió que había sido la mano de Dios. Después los argentinos le erigieron un Iglesia maradoniana.
La relación entre religión y fútbol pueden ser forzada, sin embargo, algunos formulan al fútbol como una “religión lateral” porque guardan rasgos muy comunes y rebasan simples analogías. La secularización de la sociedad moderna nos ha mostrado más bien las adaptaciones y mutaciones de las creencias, por ello, el fútbol como deporte y espectáculo de masas es, ante todo, una forma de expresiones religiosas. Es un acto social que bien puede encubrir y ocultar en su forma opiada, es decir, los matices de una realidad corrompida y ser sustituto de la opacidad social. Pero también el fútbol, en tanto juego, acto lúdico y de emoción, es un factor de reencantamiento de la realidad para hacerla más soportable.
Existen muchas formas de analogías entre el fútbol y la religión, que penetran las entrañas mismas del lenguaje. Recordemos cómo se hablaba del estadio inglés de Wembley al que se le da categoría de “la catedral del fútbol”. Los estadios son santuarios verdes que congregan a millones de fanáticos cuyo momento litúrgico, de éxtasis, es el gol, como shock eléctrico que desata una catarsis entre las muchedumbres del estadio y en el que los aficionados se transforman en seres raros, ungidos de extrañas lenguas y actitudes eufóricas. Y nosotros que nos burlamos de los estallidos y vuelcos de los pentecostales en sus ceremonias.
El providencialismo. Los fuertes y poderosos siempre ganan, como en la vida, sin embargo, el aficionado guarda la esperanza de la sorpresa y lo inesperado. La incógnita flota en los céspedes verdes y cualquier cosa puede pasar. ¡SÍ se puede! El Fútbol como aspiración a una vida que no está predeterminada, donde la suerte no está echada y que depende de una promesa casi escatológica de triunfo, de un sueño y esperanza de lo extraordinario.
El mundial se acerca. Más que una nueva religiosidad o un retroceso de la razón, nuevas formas de creencias reflejan el estado actual de nuestra sociedad moderna.