Los obispos deberían pedir perdón a los Cristeros

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  • Bernardo Barranco

Estado de México /

Los cristeros fueron abandonados en los arreglos con el gobierno federal en 1929. No los tomaron en cuenta. Los arreglos se dieron entre el gobierno, Emilio Portes Gil como presidente, dominado por el callismo, la embajada de Estados Unidos y los obispos mexicanos con la orientación vía telegramas del Papa Pío XI.

Los combatientes católicos de entonces calificaron de traición a sus obispos. En efecto, los cristeros se sintieron defraudados porque la Iglesia cedió todo con el fin de salvaguardar la institucionalidad ante el conflicto. El gobierno no cedió un ápice, ninguna ley anticatólica se movió, solo hubo la promesa de la moderación y aplicar discrecionalidad gubernamental.

La guerra fue cruenta y es muy cierto que cayeron decenas de sacerdotes en combate o fusilamientos. Más de 200 mil católicos ofrendaron su vida para defender su fe y a la Iglesia. Decenas de testimonios manifiestan un profundo sentimiento de deslealtad y de abandono, sobre todo porque muchos obispos alentaron el levantamiento armado. Hay múltiples testimonios históricos, como el libro de Luis Rivero del Val titulado “Entre las patas de los caballos”, y la misma obra monumental sobre el tema redactada por el historiador Jean Meyer

¡Viva Cristo Rey! Así remata el documento de los obispos mexicanos titulado Iglesia en México: memoria y profecía, texto que corresponde al mensaje de la Conferencia del Episcopado Mexicano de la 119 asamblea plenaria, realizada del 10 al 14 de noviembre de 2025.

Llama la atención la exaltación del texto hacia los cristeros. Los obispos entran así al tema: En julio de 1926, entraba en vigor la llamada ‘Ley Calles’ en nuestro país, que desató la persecución religiosa más cruenta de nuestra historia. Es por ello que en enero de 1927 el pueblo católico, reprimido, inició el levantamiento armado conocido como la resistencia cristera… Debemos hacer un examen de conciencia y un compromiso renovado. Nuestros mártires nos preguntan hoy: ¿Estamos dispuestos a defender nuestra fe con la misma radicalidad? ¿Hemos perdido el sentido de lo sagrado? ¿Nos hemos acomodado a una cultura que quiere relegar la fe al ámbito privado?” Esto último es una arenga parecida a muchos obispos de hace 100 años que luego se rajaron y abandonaron a la feligresía laica.

Los obispos están en franca rebeldía ante el actual gobierno. En su documento sutilmente compara el callismo con la 4T. Me pregunto, por decencia histórica, si antes de exaltar la gesta cristera no debería por ofrecer disculpas a los guerrilleros abandonados


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