En una época en la que la tecnología absorbe gran parte de nuestra atención, las vacaciones representan una oportunidad para reconectarnos con lo verdaderamente importante. Como docente, considero que el aprendizaje también ocurre al viajar, convivir con otras personas y descubrir la riqueza cultural de nuestro país. Por ello, esta temporada es ideal para redescubrir Hidalgo, uno de los estados con mayor patrimonio histórico, natural y cultural de México.
Recorrer Hidalgo es encontrarse con una historia viva. Sus exconventos, iglesias y antiguas haciendas de Actopan, Ixmiquilpan y Pachuca, junto con la zona arqueológica de Tula y sus Atlantes, reflejan el legado colonial y el esplendor de la cultura tolteca, recordándonos que nuestro pasado forma parte de nuestra identidad.
La riqueza del estado también se encuentra en sus comunidades otomíes, nahuas y tepehuas, que preservan sus lenguas, tradiciones y artesanías, como la alfarería de Chililico y los bordados elaborados a mano. Estas expresiones representan el esfuerzo de generaciones por conservar un patrimonio que enorgullece a Hidalgo.
La gastronomía es otro de sus grandes atractivos. Platillos como la barbacoa, el ximbó, los pastes y el pulque reflejan la historia y las costumbres de la región. Además, municipios como Santiago de Anaya y Nopala muestran que tradición e innovación pueden convivir mediante su creatividad culinaria y producción vitivinícola.
Sus paisajes naturales, como las Grutas de Tolantongo, los Prismas Basálticos, las Dunas Rojas de Pacula y el Parque Nacional El Chico, invitan al descanso y a valorar la conservación ambiental. A ello se suma el Geoparque Mundial UNESCO, que integra sitios donde la historia geológica convive con la tradición minera y fortalece la identidad regional.
Más que un destino turístico, Hidalgo es una oportunidad para reconectar con nuestras raíces. Mi invitación es a hacer una pausa, dejar por un momento el teléfono móvil y vivir experiencias que fortalezcan nuestra identidad. Caminar por sus pueblos, conversar con su gente, disfrutar su gastronomía y admirar sus paisajes nos recuerda que el aprendizaje también ocurre fuera de las pantallas y que conocer Hidalgo fortalece el sentido de pertenencia y el compromiso de preservar nuestro patrimonio.