Atole con el dedo

Hidalgo /

Hay que reconocerlo: nos han dado atole con el dedo. Nos vendieron la idea de que tender la cama es el primer paso hacia la iluminación, como si estirar una sábana pudiera arreglar la vida entera. Y ahí vamos, obedientes, creyendo que si no podemos con el edredón, menos podremos con el mundo.

Luego está lo de despertarse a las cinco de la mañana. Nos lo presentan como hábito de éxito, cuando para muchos no es disciplina sino necesidad. No es lo mismo levantarse a esa hora para meditar en silencio que hacerlo porque, si no sales temprano, el transporte público te deja fuera. Nos venden como voluntad lo que en realidad es cansancio estructural.

La secuencia es bien conocida: tender la cama, beber agua con limón, respirar hondo, no mirar el teléfono, pensar en positivo. Todo junto, todo rápido. Y lo que prometía paz termina asfixiando. La culpa por no ser “la mejor versión de ti misma” se vuelve permanente, como si vivir fuera una lista interminable de pendientes.

Estas historias de orden exterior y redención interior no son nuevas. Se parecen a las vidas de los santos, solo que hoy ya no buscamos salvar el alma, sino optimizar el cuerpo. El milagro moderno no es la paz, es la productividad.

Aquí entra el truco científico que valida esta obediencia. Richard Thaler y Cass Sunstein llamaron nudge a ese empujón que organiza el entorno para que elijamos lo que otros decidieron de antemano. No se trata de prohibir, sino de diseñar el laberinto. Es más barato moldear el contexto que formar criterio.

Este modelo ya domina universidades y plataformas. Mientras a la mayoría nos empujan al consumo rápido y al pensamiento fragmentado, los privilegiados pagan por escuelas sin pantallas. El silencio y el pensamiento lento se han vuelto un lujo.

Algo parecido ocurre en nuestra educación pública. El artículo 3º constitucional prometía desarrollar todas las facultades del ser humano. Hoy, bajo el lenguaje de la “comunidad”, se diluye al individuo. Es más fácil conducir al grupo que convencer a quien aún duda a solas.

De nada sirve aprender a caminar temprano si nunca nos preguntamos quién trazó el camino. Podemos tener la cama impecable, pero sería triste llegar al final del día demasiado cansados para notar que alguien más decidió por nosotros mismos.


  • Bertha Orozco
  • Jueza de Distrito en el Estado de Hidalgo
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