El amor en tiempos de pensión

Hidalgo /

El amor suele contarse como entrega absoluta, como cuidado sin cuentas ni condiciones. Durante años aprendimos que amar bien era no pedir nada a cambio, no mezclar sentimientos con números, no estropear la intimidad hablando de dinero. Así se organizaron muchas vidas: alguien sostuvo lo cotidiano (la casa, los hijos, los días), mientras alguien más salía a buscar el ingreso y no siempre por imposición, muchas veces porque parecía lo natural, lo práctico, lo amoroso.

El problema llega cuando el amor se acaba o alguien muere y todo lo que se hizo durante años deja de tener nombre. No hubo documentos, acuerdos ni palabras para eso que parecía obvio mientras existía; entonces lo que fue cuidado, trabajo y renuncia no figura en ningún lado. No siempre hay dinero para reparar lo que se desbalanceó. A veces nunca lo hubo, porque el amor también se vivió en la precariedad y la ruptura no puede ser distinta.

Ahí llega el amor al juzgado, cansado y tarde. Aparece la pensión compensatoria, no para premiar o castigar, sino como un intento de la ley derecho por reconocer que alguien dejó de construir lo propio para sostener una vida común; y muchas veces esa compensación es mínima, insuficiente, incapaz de reparar años de desigualdad. No siempre hay mala fe: el derecho no puede inventar lo que nunca existió, si no hubo dinero, ¿de dónde se saca?

En otros contextos el péndulo se mueve al extremo contrario. Pensiones tan altas que el matrimonio deja de ser proyecto de vida para convertirse en estrategia. Tampoco ahí hay justicia ni amor: solo otra forma de renuncia.

En México, casi nunca se tienen esas conversaciones a tiempo.Cuando alguien se casa, elige regímenes patrimoniales sin leerlos, se evitan las capitulaciones por miedo a la frialdad o desconfianza, y se permite que el dinero se acomode en los silencios“prácticos”.

Tal vez hablar de acuerdos cuando todo va bien no sea falta de amor, sino una de susformasmásresponsables.

Este 14 de febrero, entre flores y promesas, quizá valga la penaprometermásqueamoreterno, sino buscar que nadie termine pagando su entrega con el desamparo.


  • Bertha Orozco
  • Jueza de Distrito en el Estado de Hidalgo
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