No todo se tiene que saber

Hidalgo /

Desde niña me han interesado las historias completas. No el chisme rápido ni el “luego te cuento”, sino entender qué pasó y por qué. Siempre he sentido que las vidas ajenas quedan a medias cuando nadie pregunta lo que falta. Yo preguntaba, escuchaba; a veces demasiado.

Con los años no se me quitó. Cuando alguien decía “me separé” o “me fui del país”, yo preguntaba por qué. No por morbo, sino porque me importa la gente y me inquietan las historias inconclusas. Hasta que hace poco me quedé callada. Hablábamos mi hija, su novio y yo, y descubrí que él nunca pregunta más. Nunca. Cuando le pregunté por qué, me respondió algo simple: si no le cuentan más, es porque no quieren contar más. Y ya.

Esa frase me dejó pensando, porque no todo lo que me intriga me pertenece. No toda historia tiene que ser completada. Hay silencios que también son una decisión.

Lo extraño es que mientras uno aprende eso en la vida privada, lo público parece no entenderlo. Hoy, incluso cuando no decimos nada, alguien va armando nuestra historia con fragmentos: dónde estamos, con quién hablamos, a qué horas. No saben qué pensamos, pero dejan rastro. Y ese rastro se queda.

A partir de este año, ese registro deja de ser accidental. Para conservar una línea telefónica habrá que entregar datos personales y técnicos como condición para seguir comunicándonos. No es una opción, pues sin registro no hay contrato. Lo presentan como un trámite más y lo justifican con una palabra conocida: seguridad.

El problema es que los datos no entienden contextos. No distinguen entre una excepción y una regla, ni entre un error y una vida entera. Se guardan sin matices y sin olvido. Por eso el derecho ha puesto límites desde hace tiempo. La Constitución y las leyes de protección de datos dicen algo básico: la información personal no es neutra, forma parte de la persona, y solo puede pedirse cuando es estrictamente necesaria.

No se trata de ocultar. Se trata de elegir. De no convertir la vida en un expediente permanente. Porque al final, lo que decimos es solo una parte de quienes somos. Lo que callamos, lo que decidimos guardar, también nos define.

A veces el problema no es lo que decimos ni lo que pensamos, sino todo lo que dejamos sin decir… y aun así queda registrado.


  • Bertha Orozco
  • Jueza de Distrito en el Estado de Hidalgo
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.