Hace dos décadas, la película de Al Gore, Una verdad incómoda, situó el cambio climático en el centro de la atención mundial. Con imágenes impactantes y advertencias alarmistas, convirtió una preocupación minoritaria en una crisis de primera plana, influyó en los líderes de los países ricos y en la élite del jet set, e inspiró a toda una generación de activistas.
Veinte años brindan la distancia necesaria para reflexionar no solo sobre el impacto de la película, sino también sobre su veracidad. Muchas de las predicciones más alarmantes de Gore no se han cumplido, mientras que las medidas políticas que ayudó a impulsar han resultado ser extraordinariamente defectuosas.
La idea central de la película era que el cambio climático provoca desastres cada vez más graves, como inundaciones, sequías, tormentas e incendios forestales.
Sin embargo, a lo largo del último siglo, a pesar de que la población mundial se ha cuadruplicado, las muertes provocadas por estas catástrofes relacionadas con el clima se han reducido drásticamente. En la década de 1920, morían en promedio casi medio millón de personas al año a causa de este tipo de fenómenos. Hoy en día, esa cifra es inferior a 10.000, lo que supone una disminución de más del 97%. Las sociedades más ricas e inteligentes nos han proporcionado una seguridad mucho mayor, lo que demuestra que la adaptación y la resiliencia funcionan mucho mejor de lo que sugiere el alarmismo.
La película afirmaba que veríamos huracanes más frecuentes e intensos debido al cambio climático, y el afiche mostraba, literalmente, un huracán saliendo de una chimenea. Los datos a nivel mundial muestran, en realidad, un ligero descenso en la frecuencia de los huracanes y en su energía total desde que se empezaron a recopilar datos satelitales exhaustivos en 1980.
Los incendios forestales siguen un patrón similar. A nivel mundial, la superficie quemada anualmente ha disminuido en más de un 25% durante el último cuarto de siglo, según datos de la NASA. Aunque en los últimos años se han producido grandes incendios en Estados Unidos debido a la mala gestión forestal, la era del Dust Bowl de la década de 1930 fue cinco veces peor. Los incendios han disminuido en todos los demás continentes.
La película se hizo famosa por presentar a los osos polares como símbolo de un colapso ecológico inminente, dando a entender que se estaban ahogando debido al deshielo. En realidad, las poblaciones de osos polares se han más que duplicado, pasando de unos 12.000 ejemplares en la década de 1960 a más de 26.000 en la actualidad. La principal amenaza histórica fue la caza, no el cambio climático, y las afirmaciones de Gore, ahora, veinte años después, simplemente han resultado ser erróneas.
El llamado a la acción de Gore impulsó costosas medidas de reducción de emisiones. Sin embargo, el consumo de combustibles fósiles sigue aumentando porque la energía barata y fiable impulsa el crecimiento, y las emisiones globales han batido récords casi todos los años desde 2006.
Estamos muy lejos de una transición ecológica. En 2006, el mundo obtuvo el 82,6 % de su energía total (no solo electricidad) de los combustibles fósiles, según la Agencia Internacional de la Energía. En 2023, el último año del que se dispone de datos globales, la proporción era del 81,1%. A este ritmo, se tardaría más de seis siglos en llegar a cero.
Sin embargo, el mensaje de Gore fue explícito: las soluciones climáticas ya estaban al alcance de la mano, y solo se necesitaba la voluntad política de las naciones ricas para aplicarlas de forma rápida y decidida.
Aunque las tecnologías solar y eólica se han abaratado considerablemente, siguen siendo fundamentalmente intermitentes: solo generan energía cuando brilla el sol o sopla el viento. Las sociedades modernas necesitan un suministro eléctrico fiable las 24 horas del día, lo que exige contar con sistemas de respaldo importantes, normalmente centrales de combustibles fósiles. La gente cree que las baterías pueden desempeñar un papel importante, pero en casi todas partes la autonomía de las baterías de respaldo es de menos de diez minutos.
El resultado es que acabamos pagando dos veces: una por las energías renovables y otra por una infraestructura de respaldo fiable. El enfoque deliberadamente ingenuo de la película ignoraba estas realidades técnicas y económicas.
El costo de las políticas climáticas desde 2006 ha superado los 16 billones de dólares a nivel mundial. Solo en Estados Unidos, la Ley de Reducción de la Inflación ha destinado cientos de miles de millones a las tecnologías verdes. Sin embargo, las emisiones siguen aumentando porque los esfuerzos del mundo desarrollado ignoran la realidad de que los países en desarrollo necesitan energía barata y fiable para reducir la pobreza.
Los países ricos solo representan el 13% de las emisiones restantes del siglo XXI. Los gigantes emergentes, como China, la India y África, son los responsables del resto. Incluso si todos los países ricos alcanzaran las cero emisiones netas a mediados de siglo, esto evitaría menos de 0,1 °C de calentamiento para 2100, según el propio modelo del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU.
Las predicciones climáticas apocalípticas de Gore han quedado desfasadas. Aunque el cambio climático es un problema real, las mejores evidencias sugieren que el calentamiento podría reducir el Producto Interno Bruto mundial entre un 2 % y un 3 % para el año 2100. El contexto es importante: la ONU estima que, a finales de siglo, la riqueza media por persona será un 450% superior a la actual. Con los efectos del cambio climático, ellos solo serían un 435% más ricos. Estamos hablando de una situación mucho más favorable, con solo una ligera reducción.
El mayor error de la película fue no defender enfoques más inteligentes. Debemos dar prioridad a la innovación. La investigación y el desarrollo de tecnologías verdes, para lograr mejores baterías, energía nuclear avanzada y fusión, podrían reducir drásticamente los costos y hacer que la energía limpia resulte más barata que los combustibles fósiles. La adaptación salva vidas a bajo costo: diques, cultivos resistentes a la sequía, sistemas de alerta temprana. Y el desarrollo saca de la pobreza a miles de millones de personas, fomentando la resiliencia.
Dos décadas después, Una verdad incómoda nos recuerda que el pánico es un pésimo asesor político. Centrarnos en soluciones rentables, como la innovación, la adaptación y el desarrollo, ahorrarán billones y contribuirá mucho más a ayudar al clima y a las personas.