Al tenor lírico lo conocí en Mazatlán en 2016, en una gala de ópera interpretando arias en el Teatro Ángela Peralta. Su voz me pareció prodigiosa. Una voz que comunica, que te hace sentir, sorprende la tesitura y sencillez con que proyecta emociones. Pareciera que no respira, que vive en constante movimiento tonal en relación con la orquesta. No soy crítico musical, me parece un oficio riguroso de especialistas como Quirarte o Brennan. Pero puedo decir que hoy Arturo Chacón–Cruz es la voz que impone a México con una presencia internacional. Cantó arias y, de repente, se le escuchó cantar a Juan Gabriel, interpretando una de sus piezas emblemáticas, “De mi enamórate”. Sorprendió y cautivó al público en aquella Velada de las Artes. Se le despidió de pie y se le exigió una pieza más. Cerró con “Amor eterno” y la ovación fue inmensa.
No dudo que Arturo Chacón–Cruz podría ser un fenómeno al revés de lo que fue Jorge Negrete, que primero cantaba ópera y terminó con rancheras. Chacón continuará en la ópera, pero el gusanito de la música popular empieza a abrir sus puertas. No en balde se presentó en el Palacio de Bellas Artes en un programa con canciones de José José y Juan Gabriel, a teatro lleno. Programa difícil porque la letra y música de piezas de José José son de autores variopintos en su contenido, contra la originalidad patente de las canciones originales de Juan Gabriel. En el primer caso la recepción fue sobria pero distante, con espectadores que no se atrevían a cantar con el tenor. Pero con Juanga el público se soltó la rienda y Bellas Artes terminó en una fiesta del espíritu.
Arturo Chacón–Cruz no parece afectado por el éxito. Su entrega en el escenario es honesta, casi ritual. Una especie de mente razonada con voz de puro sentimiento educado a través de una música, la ópera, que en el canto popular se expresa impecablemente. Va a terminar haciendo un disco de estas interpretaciones. Sus rancheras y baladas de Juan Gabriel son por sí mismas un valioso testamento de quien hereda parte de Pedro Infante y Javier Solís, una mezcla que lo hace único. Bellas Artes ya no tiene miedo de que el canto popular, el de nivel, se exprese en voces como las de Arturo
Chacón–Cruz.