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Ciudad de México /
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La estética no es la realidad, pero la ilustra. La arenga es la realidad, pero la lleva a un choque de conciencia donde nos descubrimos mentirosos sin excepción.

El cine y el teatro se unen para mostrar la apatía de la que estamos hechos. La radicalidad visual e ideológica en el filme de Alejandro González Iñárritu Digger desquicia a tal grado que ha dividido la opinión de la crítica. Se prevé fracaso económico pero con el tiempo encontrará el nicho donde el arte se eleva a las alturas de un tiempo permanente.

La distopía del filme lleva de la mano de la ficción del arte a la realidad del mundo. Expoliar el contenido es un crimen, lo sé, pero requiere decirse que al salir de la sala de cine o el teatro uno descubre que siempre es peor la calle y el desastre que hemos hecho del mundo. Iñárritu y sus guionistas elaboran un discurso obvio que importa menos si visualmente, escenográficamente, actoralmente, realizan un diseño colectivo que logra llevarnos a la sátira en su máxima expresión lumínica.

Si el arte no conmueve es simplemente un producto más del mercado. Los filmes de Iñárritu tienen esa gracia infernal, desde Amores perros hasta Digger. Los estereotipos usados en su última película –el presidente gobernando con la Biblia y rezando a las tragedias del mundo (el primer corrupto de un sistema) y un empresario petrolero sin escrúpulos, responsable del calentamiento global, con pala en mano y una oratoria digna del negocio en prenda— nos lleva al metateatro, ahí donde se descubren los males de la naturaleza.

Es innegable que el peso de la película lo lleve el actor principal, Tom Cruise (todo el reparto, desde luego). Pero sin su caracterización y la innegable ayuda de la dirección el filme se iría al suelo por jugar a lo real con lo irreal. Hay que entrar en el mundo de la sátira como exige la atmósfera creada. Pienso que los que la critican adversamente no jugaron a ir más allá de conceptos racionales. Digger exige la comprensión de la cuarta pared, ahí donde el espectador sensible asume su rol activamente. González Iñárritu y sus copartícipes quisieron ir más allá de lo evidente, hacia lo intemporal. Lo sabremos con el paso del tiempo.

Yo la veré otra vez.


  • Braulio Peralta
  • juanamoza@gmail.com
  • Periodista, ensayista y editor. Autor de Otros nombres del arcoíris, El poeta en su tierra, diálogos con Octavio Paz, De un mundo raro, un libro de crónicas de sus personales viajes como corresponsal en España, y El clóset de cristal. Publica todos los lunes su columna La letra desobediente.
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