Lo recordaba con un amigo querido, escritor también: David Toscana aparecía en los 90 en una foto donde el protagonismo de la imagen era una suela de sus zapatos, rota. Es un escritor que la ha perreado. En aquel momento era despreciado por la beca que otorga la Secretaría de Cultura. Hoy su vida empieza a ser biografía a futuro. Nadie le ha regalado nada. Dejó la vida cómoda de ingeniero para dedicarse a escribir. El talento es suyo, no de las editoriales. Editoriales que lo han menospreciado, me consta. Tuve oportunidad de publicar varios de sus libros con escasa venta. Vendes o te vas. Es un escritor/artista de nivel, no uno como tantos coelhitos. Sufre el embate del comercio como nunca antes.
Es un escritor cuya obra contiene libros que serán leídos con gusto los próximos años: Santa María del circo, El último lector, Estación Tula, El ejército iluminado, El peso de vivir en la Tierra y ahora su nuevo título que leeremos, ganador del premio Alfaguara 2026: El ejército ciego. Cuando fui editor en Plaza y Janés lanzamos a escala hispanoamericana, en la editorial Sudamericana, Estación Tula junto con obra de autores mexicanos, Guillermo Fadanelli, Enrique Serna y Mario Bellatin. Ninguno tuvo gran recepción y el lanzamiento fracasó. Nos pasamos a la antigua Random House y Toscana seguía con problemas de distribución de sus libros en un mercado dedicado a la vil venta. Nos dejó para rescatarse y al parecer hizo bien, aunque regresó para ganar el Alfaguara. Hoy la suerte le puede cambiar la vida a Toscana con una distribución latinoamericana de sus libros. Ojalá.
Es mejor escritor que los otros nacionales ganadores del mismo premio. Y conste que los he leído a todos. Salvaría en esa terna a Elena Poniatowska: ella ya tiene obras clásicas de nuestra literatura mexicana, aunque le pese a quienes la detestan, por envidia . Pero Toscana podría llegar, quizá, más lejos. El no escribe de la realidad. El inventa una realidad paralela. Ahora que ha regresado la crónica a escala universal, Toscana es un ejemplo de escritor que juega con atmósferas donde la literatura es sueño.
Adiós al zapato roto, bienvenido al mundo que necesita creadores donde la literatura regrese por sus fueros.