Luis de Tavira quiere morir en el escenario como un caballo salvaje. Se ha convertido en lo que Jerzy Grotowski anuncia en su libro sobre los actores: una entrega del ser para encontrar la catarsis. No es asunto religioso, pero casi. La santificación en el teatro se logra con el olvido de uno para encarnar al personaje. Director de grandes montajes, fundador de escuelas de actuación, dramaturgo, hoy el creador se entrega a Rey Lear, y antes El padre, o el monólogo de Becket, La última cinta de Krapp. Con T. S. Eliot: “aquí se vuelve real la mezcla imposible de las esferas de la existencia”. Imágenes histriónicas que se van a perder en el tiempo porque la escena se borra, pero son muestra invisible de un arte incomprendido.
No apasiona la versión de Shakespeare que Angélica Rogel hace de El rey Lear. Pero es tal la fuerza de la actriz Diana Sedano para interpretar a Cordelia y El Bufón, que es la única que empata en actuación a De Tavira, al punto de quitarle el trono. Sólo por esos dos actores vale el montaje, y escuchar al dramaturgo inglés en esa sabiduría que no se escribe: vive en una obra que suena contemporánea. Heredar a los hijos en vida puede ser un error. Entregar el poder antes de partir es adelantar tu muerte cuando no hay líderes, hay carroñeros. Un Shakespeare que supera la realidad y por eso tantas adaptaciones a su dramaturgia.
Angélica Rogel es ambiciosa en sus proyectos teatrales. Ha logrado destacar en la escena cuando ya se han ido los maestros Héctor Mendoza, Julio Castillo y Ludwik Margules. Queda en solitario Luis de Tavira y aprovecha al histrión para dar cátedra en el púlpito. Rogel hace un teatro experimental, anclado en deseos comerciales, sin fracaso económico. No es crítica: es el punto de partida para revivir un arte disminuido ante el ruido inmenso del cine y lo que queda de la televisión, rebasada por las plataformas de internet. El teatro como espectáculo le hace falta a este sistema que corroe posibilidades creativas. Por eso son necesarios teatreros como De Tavira y Sedano, directoras como Rogel y sus productores. De Tavira en sus últimos momentos como rey Lear es un paso a su santificación artística. Empieza a ser leyenda.