Si el albacea de la Colección Gelman que se exhibe en el MAM, Robert R. Littman, vendió a la familia Zambrano –que deja en manos de Banco Santander la difusión–, uno pregunta: ¿ya no tiene nada qué ver con lo que el dueño haga con la obra? Littman ha sido desprestigiado por familiares cercanos a los Gelman, pretendiendo quedarse con esa herencia. Lo mismo han exigido los descendientes de Mario Moreno, Cantinflas, inmortalizado en una pintura extraordinaria de Rufino Tamayo que se exhibe en el MAM. Un nieto del comediante aparece en redes anunciándose como coheredero de lo que hoy se exhibe. Disputas que motivaron que la obra desapareciera de la esfera pública más de 20 años, a fin dar solución a la vía legal. Obra codiciada por su valor económico, aparte de lo artístico. ¿Quién actuó legalmente o no en este conflicto de intereses?
Otra pregunta pertinente: ¿de ahí provienen las discrepancias que han suscitado los que firmaron la carta exigiéndole al gobierno de Claudia Sheinbaum que se esclarezcan las condiciones para la salida de obras consideradas patrimonio de México, entre los cuales están piezas de Kahlo, Rivera, Izquierdo, Siqueiros y Orozco? O en el peor de los casos, ¿están utilizando el conflicto para desprestigiar a la actual administración pública?
En periodismo lo mejor es preguntar, esperando respuestas. Se ha convertido en el tema de la conversación: el ruido especulativo, no el acervo exhibido en el MAM: piezas consideradas de lo mejor del arte mexicano que Jaques y Natasha Gelman adquirieron a lo largo del tiempo. Dejaron testado el deseo para que el acervo se quedara en México pero no crearon condiciones legales para que eso se concretara. Lo que motivó que la ambición creciera en familiares y cercanos a los Gelman.
¿El gobierno debe investigar hasta las últimas consecuencias para que se esclarezcan los hechos, o simplemente asumir que lo realizado por Robert R. Littman es legal en la venta a los Zambrano, con papeles en mano? El arte es dinero, no cabe duda.
Desde la apertura en el MAM autoridades y Santander insisten en lo legal sobre piezas consideradas Patrimonio para que salgan y regresen a México, como exige la ley. No quieren oír: puro sospechosismo.