La noche de las reinas atrapa. Una narrativa ágil, lúdica, con tres personajes estereotípicos de nuestra vida nacional: un político corrupto, trepador, que llega a gobernador. Un escritor corrupto también que asciende en un México cuyos gobiernos necesitan del aplauso fácil en pluma ágil. Y una mujer humilde, deshonrada, usada, maltratada por un destino que le permite vengarse, demasiado tarde. Vicente Alfonso logra una novela corta pero intensa de un país que se construye a madrazos donde los jodidos son los perdedores. La historia se desarrolla en casi exactamente 24 horas, en Mazatlán, Sinaloa, durante un concurso de Miss Universo.
Tiene guiños literarios a Vicente Leñero, Ricardo Garibay, Juan José Rodríguez y Geney Beltrán, entre otros, pero no es ninguno de ellos. Los homenajea. O más bien coquetea con historias de sus obras que hace suyas en la trama. Al que mejor parafrasea es a Ricardo Garibay con el falso nombre de Jacinto Garay, un periodista del viejo Proceso de don Julio Scherer García. Es muy identificable para quien haya leído sus crónicas de Acapulco, o el libro del Púas, el boxeador Rubén Olivares, que pasó del éxito a la ruina. El gobernador se parece más a uno de Guerrero que de Sinaloa, el personaje más siniestro en la novela. Capaz de robar, de ultrajar, de mentir, de matar y seguir con poder, sexenio tras sexenio. En el título de la obra, aunque trata de un concurso de señoritas, el narrador nos debe mayor profundidad en las historias alrededor de estas. Pasan como comparsa: igual son, aunque sería bueno saber por qué. Casi nada se dice de la Señorita México, por ejemplo. Ubica la obra con fecha 24 de julio de 1978.
De tintes clasista, machista y racial. La ciudad y puerto de Mazatlán, sus playas, barrios y calles, el teatro Angela Peralta son el escenario ideal de la tragedia. Vicente Alfonso nació en Coahuila en 1977 pero pasó su infancia allí y regresa a ella constantemente. Quiso centrar su pieza como un reconocimiento a la memoria. Lo logra con creces. La noche de las reinas debería tener muchos lectores porque es un testimonio literario feroz de aquello de lo que la gente civilizada huye, en un país que sigue fomentando la corrupción, en el periodismo y la política.