El 2026 parece ya haber pasado sobre nosotros y apenas es día de Reyes. Entre la alerta sísmica y el gran acontecimiento internacional de la captura de Maduro, el año parece traer consigo días más breves, horas más cortas y minutos efímeros. El episodio venezolano será recordado como uno de los eventos canónicos del año, pero pone en el centro un debate fundamental, aunque los economistas afirman que se trata del petrodólar, los politólogos teorizan sobre la emisión de un poderoso mensaje sobre la hegemonía estadunidense en Occidente, mientras otros analistas concluyen que es el cambio del orden global. Todos podrán tener razón, pero hay una arista importante para analizar y poner en el centro de diferentes latitudes en 2026, no solo en Venezuela, parafraseando a Clinton, es la democracia, estúpido.
Con una democracia sólida y que respetara la voluntad popular reflejada en las elecciones venezolanas, hubiera cambio de gobernantes hace tiempo, con un respeto irrestricto a los derechos humanos, condición fundamental de la democracia, no habría un gobierno sin legitimidad democrática en Venezuela, que llegó al límite. Con un gobernante de talante democrático en Estados Unidos que respetara el orden, las instituciones, los contrapesos y el proceso no habría una intervención estadounidense en Venezuela, ni (con sus matices) en Argentina o Honduras, porque en nombre de “rodearse de gobiernos seguros” no se siguió el procedimiento en el Congreso ni las normas internacionales para una intervención de ese calado, mucho menos las formas y la diplomacia, hoy el gobierno de Trump negocia con el oficialismo y no con la oposición, mandando un claro mensaje donde la democracia no es prioridad. Queda claro que a menos democracia más riesgo de implosión, de violencia y de caos global.
Pero no solo en Venezuela la democracia es el tema del año, en México, con la reforma electoral que se discutirá en las próximas semanas, será indispensable fortalecer la calidad de nuestra democracia, poner en el centro del debate la pluralidad, la transparencia, la participación informada, autoridades electorales autónomas, el respeto a los derechos político electorales de minorías, entre otras condiciones esenciales para garantizar la integridad electoral de nuestro país.
También las elecciones en Perú, Colombia, Costa Rica o Brasil pondrán a la democracia en el centro del presente y futuro de la región. Sin duda, 2026 será un año clave de resistencia y de acción democrática.