Ciudadano pleno

Jalisco /

La ciudadanía plena es esa con agencia, capacidad y conocimiento para ejercer todos los derechos en igualdad de condiciones sin límite de edad ni requisitos de otra índole. Ése es el ideal: ser parte de una comunidad, de una ciudad; construirla, corregirla, abrazarla, vivirla. Porque un ciudadano pleno vive en libertad, pero esa es una condición que hay que ganarse todos los días por medio de nuestras acciones u omisiones. No existe un modelo de ciudadanía perfecta ni ideal, pero sí hay quienes viven y practican la democracia, lo público y lo ético a límites ejemplares, aunque se tengan que pagar costos políticos, sociales o personales.

La ciudadanía plena ejerce el pensamiento crítico como una ideología, como una forma de ser: tiene pasiones políticas que incitan el debate, pero, al mismo tiempo, duda y cuestiona hasta las propias ideas, sin renunciar a ellas, solo perfeccionándolas. Fortalece su pasión política no solo con la emoción, sino sostenido en la razón; estudia de lo público, se profesionaliza y lo convierte en vocación.

De igual manera, un ciudadano pleno puede llegar a la función pública, pero sabe advertir cuando el cargo se vacía de contenido, cuando no vale la pena continuar en ese camino, porque sabe que, cuando el instrumento deja de servir, hay que buscar otro, no hay encargo que contenga la vocación por el bien común, el ciudadano pleno puede servir desde la academia, la función electoral, la ciudadana o la ética; cuando se pone el ejercicio de lo comunitario en el centro, las arenas en las que se disputan no se contrapuntean, se complementan.

El ciudadano pleno es capaz de llevar al límite las convicciones y la práctica de los valores democráticos aunque eso cueste el cargo, las amistades o la paz. No le amedrenta el ejercicio de quienes creen que amenazar es símbolo del poder, no le calla las señales de amenaza y el robo de la tranquilidad personal, porque son mensajes de que el ejercicio de la ciudadanía va cambiando la estructura que busca cambiar; no lo detiene pensar y actuar aunque sus amistades y vínculos personales le cuestionen el camino.

Sobre todo, el ciudadano pleno, logra la plenitud cuando disfruta vivir; cuando es capaz de reírse y construir un chiste de la nada y de sí mismo; cuando vence la corrección política para vivir en plena la libertad; para disfrutar la paz de comer una torta ahogada todos los domingos leyendo las columnas de sus amigos, a quienes después les lanza una crítica ácida y aguda, que construye. Es una pena que el ciudadano pleno siga viviendo su plenitud y completa libertad en otra vida, donde lo políticamente correcto sea vivir como tú viviste: descansa en paz, Jorge, gracias por tu compañía en el camino.


  • Carlos Aguirre
  • Consejero electoral del IEPC Jalisco
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