El debate del voto electrónico lleva un par de décadas. Precisamente este 2026, en Jalisco cumplimos 20 años de la primera prueba piloto en urna electrónica. Desde 2024, Elon Musk ha declarado que “las computadoras no están hechas para votar”, “soy tecnólogo, sé mucho de computadoras. Lo último que haría sería confiar en un programa informático, porque es demasiado fácil de hackear… El riesgo de que sean hackeadas por personas o por IA, aunque sea pequeño, sigue siendo demasiado alto”. Si bien estas frases son lugares comunes del debate del voto electrónico, toman relevancia porque quien lo dice es dueño de uno de los emporios tecnológicos más importantes de este tiempo. Sin duda el componente ideológico toma un papel protagonista en su postura.
Los argumentos del debate parecen no haber evolucionado, siguen siendo los mismos que los de inicios de siglo, e incluso previos, sobre la certeza y la seguridad del voto en estas modalidades. Para precisar, hay que distinguir tres formas de votación: urna electrónica con testigo en papel de voto, como en Jalisco; votación por internet a distancia, como el implementado desde el extranjero; y votación con papel, que, a través de un chip, transfiere el sentido del voto a un sistema de manera instantánea (como en Los Ángeles y Argentina).
En 2012 se utilizó en Jalisco la urna electrónica para elecciones constitucionales, la evidencia fue contundente a favor de esta modalidad: se redujo el tiempo de publicación de resultados, se eliminó la litigiosidad y se mejoró la experiencia ciudadana; de esto da cuenta el IEPC en la publicación Breviario de la Urna Electrónica.
Tras 20 años del voto electrónico en Jalisco, el debate central no debe ser sobre la seguridad de los sistemas, a estos ya les hemos depositado nuestro patrimonio, sino en cómo las tecnologías destierran los fraudes a la ley, que no se han podido eliminar con el voto en papel; a la accesibilidad del voto para nuevas generaciones y cómo elevaría su participación con el voto electrónico; y a la justicia social que haría universal el acceso del mismo con las tecnologías y al aumento de certeza. Esto no implica eliminar mecanismos de seguridad como el testigo del voto impreso o establecer el voto electrónico como única vía, sino como una de las opciones que el sistema podría ofrecer. Aunque han pasado décadas y hoy la tecnología sabe más de nosotros que nosotros mismos, los debates del voto electrónico no han avanzado al mismo ritmo vertiginoso que el mismo desarrollo tecnológico.