¿Es vigente el pensamiento de Habermas?

Jalisco /

La muerte de Jürgen Habermas sacudió al mundo académico. Se fue uno de los filósofos más influyentes de nuestro tiempo y una de las mentes que mejor pensó la democracia liberal. Su obra defendió una idea poderosa: que el diálogo democrático es posible porque los seres humanos contamos con una racionalidad comunicativa. En otras palabras, que mediante el intercambio de argumentos podemos acercarnos a la verdad.

La tesis parece sencilla, pero fue y sigue siendo, profundamente revolucionaria. Para algunos incluso ingenua. Sin embargo, en tiempos de polarización extrema vale la pena volver a pensarla.

Entre elogios y críticas que suelen aparecer cuando muere un filósofo de tal calado, propongo tres batallas que el pensamiento de Habermas enfrenta en nuestra era.

Habermas contra la polarización

El filósofo sostuvo que el diálogo, el discurso y la deliberación deben orientarse a convencer mediante razones. La acción comunicativa busca acuerdos racionales entre personas que piensan distinto. No sólo lo teorizó: estaba convencido de que era posible. En una época marcada por guerras, odio y polarización, la pregunta sigue abierta: ¿es todavía posible persuadir con argumentos y encontrar puntos de acuerdo?

Habermas contra el marketing político

Los pragmáticos de la comunicación política, no de la política, que esa sí necesita razón y diálogo, probablemente siempre pensaron que Habermas estaba equivocado. Para ellos, la comunicación eficaz no es la que argumenta, sino la que emociona: la que indigna, moviliza o enfurece. Hoy, entre TikTok, consultores y campañas diseñadas al milímetro, esa lógica domina buena parte del debate público. Mientras estén las ideas de Habermas vigentes siempre se debatirá sobre el papel de las emociones en la democracia.

Habermas contra Ratzinger

Uno de los diálogos intelectuales más fascinantes de este siglo es la conversación entre Habermas y Ratzinger sobre razón, verdad y democracia. Ratzinger sostiene que la democracia necesita una brújula moral que las religiones pueden ofrecer. Habermas responde que la razón pública también puede conducir a esos valores. Terminan coincidiendo en mucho y dando una lección viva de lo que Habermas pensaba: incluso entre posiciones opuestas, el diálogo puede producir entendimiento. Una lección que hoy parece casi subversiva, aunque la política contemporánea de jingles nos diga exactamente lo contrario.


  • Carlos Aguirre
  • Consejero electoral del IEPC Jalisco
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