Ayer escribió Villoro que el gran desempeño de la Selección Nacional le dio permiso de darse algunas licencias, entre ellas, perder, aunque la derrota se haya vendido muy cara. El Mundial y los cinco juegos de México dejaron algunas lecciones para la vida y para la política.
1. Todos tenemos momentos permitidos de incongruencia. Hace unos meses los aficionados no estábamos conectados con la selección, algunos criticaron el llamado de Memo Ochoa por su veterana edad y por los patrocinadores, esos mismos que se enchufaron al segundo partido y llenaron sus redes sociales de contenido pro México, además de aplaudir el ingreso histórico del portero mexicano. En la vida y en la política es algo normal, hay licencias de incongruencia, un día podemos decir una cosa pero al otro, motivado por la esperanza, la alegría, el optimismo, el coraje o los datos y la realidad se puede decir otra cosa, la congruencia está sobrevalorada. Es hasta deseable cambiar de opinión cuando así obliga el contexto.
2. Todos tenemos autorizado disfrutar, aunque el mundo no nos ofrezca alternativas. Debemos evitar los pesimismos y a los pesimistas, no sin razón, pero no solo con emoción, se vale subirse al barco, gritar, bailar y disfrutar, reír y luchar con sentido del humor. Si no tuviéramos ese escape de disfrute, ¿qué sería de la vida? Debemos practicarlo más frecuentemente, un derecho a sonreír, a ser feliz, a volar.
3. México demostró que puede apropiarse de lo público, que le urge encontrar el pretexto por sentirlo suyo, el fútbol demostró no ser de nadie, aunque la FIFA quiere adueñarse, el espacio público fue habitado por el público, al mexicano le urge hacer público lo público, el futbol deja una lección de lo posible y realizable; aprendimos que la alegría también moviliza, no sólo la ira, el temor o el coraje. ¿Podrá algo que no sea el fútbol movilizar así la alegría?
4. La derrota no es perder, se vale perder, pero no instalarse en la derrota, se puede perder pero no sentirse derrotados, se puede perder como Cabo Verde, haciendo pedir la hora a Argentina, o como México, siendo superior al rival, pero como dice el poeta inglés, la derrota y la victoria son unas impostoras, nunca eres tan bueno como cuando ganas ni tan malo como cuando pierdes. Siempre hay otra oportunidad; si se puede ganar y también es normal perder, pero no es normal siempre sentirnos derrotados, moralmente superiores, pesimistas o enojados; el mundial y la selección nos dejan lecciones de humanidad.