La economía mundial está cambiando a una velocidad sin precedentes. La fragmentación del comercio, la imposición de aranceles, la recomposición de las cadenas de valor y la vulnerabilidad de los puntos críticos de suministro están reconfigurando el tablero geopolítico.
Las reglas que durante décadas dieron previsibilidad a los intercambios entre naciones y ayudaron a millones de personas a escapar de la pobreza se cuestionan hoy abiertamente. En este nuevo entorno, las democracias que compartimos valores y principios tenemos la responsabilidad de demostrar que existe otro camino.
España y México estamos en una posición privilegiada para liderar ese camino por la vocación global de nuestras economías y convicción en pro de un comercio abierto. Por eso inicio hoy una visita de dos días a Ciudad de México, al frente de una delegación de más de sesenta empresas españolas, para dar un impulso adicional a una relación con un enorme potencial de crecimiento
Partimos de una base inmejorable. México es, de lejos, el mayor inversor latinoamericano en España, con cerca de 700 empresas que generan más de 55 mil empleos. En sentido inverso, España es el segundo mayor inversor en México, tanto por volumen como por número de empresas establecidas, con más de 5,800 compañías de capital español presentes en sectores estratégicos que respaldan cerca de medio millón de empleos directos. Desde la pandemia el comercio bilateral de bienes y servicios se ha incrementado más de 44 por ciento hasta alcanzar casi 17 mil millones de euros el año pasado.
Ambos países se han consolidado como destinos mundiales de inversión extranjera. Una economía pujante que crea medio millón de empleos al año ha convertido a España en el sexto receptor mundial de proyectos de inversión nuevos, aquellos con mayor efecto tractor sobre la economía al generar nueva capacidad productiva.
Una parte significativa de esos proyectos de inversión tiene su origen en México. España concentra así más de la mitad de las inversiones mexicanas en la UE en los últimos años. Este liderazgo refleja el creciente peso internacional de México como emisor de capital y la capacidad de sus grandes grupos empresariales para operar con éxito en mercados globales.
Sobre esta base, la firma del Acuerdo Global Modernizado entre la Unión Europea y México de hace apenas unos días abre un gran abanico de posibilidades, con la liberalización de la práctica totalidad de las líneas arancelarias en una relación comercial que ya supera los 90 mil millones de euros anuales. El acuerdo podría incrementar el comercio bilateral 35 por ciento en los próximos cinco años, según estimaciones del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología.
Más allá del beneficio económico, el acuerdo lanza un mensaje claro sobre la necesidad de proteger un sistema comercial basado en reglas. En los últimos dos años, la Unión Europea ha firmado o concluido las negociaciones de cinco tratados comerciales con países tan diversos como India, Australia e Indonesia. La firma del acuerdo con Mercosur —el bloque formado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay— fue especialmente significativa para España, que durante los largos veinticinco años de negociación defendió el estrechamiento de las relaciones con América Latina como un paso estratégico para Europa. En esa estrategia, México es una pieza clave.
Para España y México, reforzar lazos en momentos difíciles no es un ejercicio nuevo. Hace casi un siglo, México abrió las puertas a miles de exiliados tras la Guerra Civil española, con una generosidad que no podremos pagar nunca. De ese intercambio humano nacieron empresas, instituciones culturales y vínculos personales que forjaron la base sobre la que se sostiene hoy la relación bilateral.
En 1939, cuando el presidente Lázaro Cárdenas envió barcos a recoger a quienes huían de la guerra, ningún cálculo económico justificaba esa decisión. Fue un acto de generosidad que reforzó la relación bilateral más densa que España mantiene hoy en América Latina. Casi un siglo después, en un mundo de nuevo incierto, México y España volvemos a tendernos la mano. Esta vez, para seguir construyendo juntos.