Cuidado, nuestro mundo está en peligro

  • La tercera de Isaac
  • Carlos Gerardo Landeros Araujo

Laguna /

En un escenario mundial ya frágil, los conflictos entre Ucrania y Rusia y entre Israel y la Franja de Gaza representan amenazas significativas a la estabilidad internacional. 

Si estas crisis continúan escalando, las repercusiones podrían extenderse a nivel político, económico y humanitario, con un impacto difícil de contener.

La guerra en Ucrania ha trascendido las fronteras regionales, convirtiéndose en un enfrentamiento entre Rusia y Occidente. 

Esta guerra podría extenderse geográficamente: Países fronterizos como Polonia o Moldavia podrían verse arrastrados al conflicto, ya sea por errores de cálculo o ataques directos. 

La prolongación del conflicto podría debilitar la unidad de la OTAN y la Unión Europea, especialmente en temas económicos y de seguridad. 

Uno de los principales riesgos sería desestabilizar el suministro energético: Europa, dependiente del gas y petróleo ruso, sufriría mayores crisis energéticas, impactando las economías globales.

Además, una guerra prolongada en Ucrania podría fomentar una nueva carrera armamentista en Europa y aumentar el riesgo de un conflicto nuclear, ya que las tensiones entre potencias escalarían a niveles sin precedentes desde la Guerra Fría.

Por otro lado el conflicto entre Israel y Gaza no solo tiene profundas raíces históricas, sino que también amenaza con desbordarse a otros actores regionales. 

Si escala aún más, podría verse la intervención de potencias regionales. Irán, Siria y grupos como Hezbollah podrían intensificar su participación, llevando a una guerra regional.

Miles de civiles desplazados exacerbarían las ya críticas condiciones en Medio Oriente.

En el ámbito económico recordemos que la región es clave para el suministro energético y el comercio internacional, y un conflicto mayor dispararía los precios del petróleo y ralentizaría la economía mundial. 

El riesgo de una guerra prolongada también podría alimentar movimientos extremistas y desestabilizar gobiernos en países vecinos como Jordania y Egipto, multiplicando los focos de inestabilidad.

Si ambos conflictos escalan al mismo tiempo, las implicaciones globales serían catastróficas. 

Habría Fragmentación del orden internacional, las grandes potencias, como Estados Unidos, China y la Unión Europea, se verían obligadas a priorizar un conflicto sobre otro, erosionando aún más la cooperación global.

En cuanto a las Naciones en desarrollo, estas podrían quedar atrapadas en las luchas de poder de las potencias. 

Se iniciaría una recesión económica mundial, el aumento en los precios de los combustibles y la interrupción de cadenas de suministro afectaría tanto a las economías desarrolladas como emergentes. 

La inflación global, ya elevada, alcanzaría niveles insostenibles, impactando a millones. 

Se generaría una crisis humanitaria sin precedentes, millones de desplazados buscarían refugio en Europa y otras regiones, desbordando los sistemas de acogida. la asistencia internacional, ya sobrecargada, no sería suficiente para atender todas las emergencias. 

Y por último estaría el latente riesgo de enfrentamientos nucleares o cibernéticos. 

En un clima de desconfianza, los actores principales podrían recurrir a medidas extremas para proteger sus intereses, aumentando el riesgo de un enfrentamiento nuclear o ataques cibernéticos masivos.

Para evitar un colapso global, la comunidad internacional debe fortalecer los mecanismos de mediación. 

Las Naciones Unidas, junto con mediadores clave como Turquía, China y Estados Unidos, deben redoblar esfuerzos para negociar ceses al fuego, tal vez es momento de incrementar la presión global y ejecutar sanciones inteligentes y diplomacia activa para disuadir una mayor escalada.

El mundo no puede permitirse una escalada simultánea en Ucrania y Gaza. 

Las consecuencias no serían aisladas, sino que se extenderían a cada rincón del planeta, amplificando las desigualdades, polarizando las relaciones internacionales y poniendo en riesgo la seguridad de todos. 

La acción inmediata, sostenida y coordinada es esencial para evitar que estas crisis se conviertan en tragedias globales. 

Estemos atentos a estos sucesos en nuestro mundo.

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