El balón dejó de rodar; las cuentas del Mundial en México

  • La tercera de Isaac
  • Carlos Gerardo Landeros Araujo

Laguna /
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El silbatazo final de México, como sede de la Copa del Mundo de la FIFA 2026, ya no habrá más partidos en nuestro país, no solo cerró la mayor fiesta del balompié global en la historia, sino que obligó a México a hacer un crudo corte de caja. 

Durante meses, la narrativa oficial y empresarial alimentó la expectativa de una bonanza sin precedentes. 

Sin embargo, los datos presentados por la Concanaco Servytur cayeron como un balde de agua fría: el país captó una derrama económica de entre 45,000 y 50,000 millones de pesos.

La cifra, aunque contundente en el papel, se quedó peligrosamente corta frente a los 65,000 millones de pesos proyectados originalmente como meta.

La pregunta obligada que hoy circula en las mesas de análisis es obvia: ¿por qué, con estadios llenos y un flujo masivo de visitantes en la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, las proyecciones fallaron por un margen tan amplio? 

La respuesta no está en la falta de entusiasmo de la afición, sino en las fallas estructurales crónicas de nuestra propia economía. 

El Mundial no falló; lo que falló fue nuestra capacidad para contener uno de los principales males y enemigos del comercio, la informalidad.

Antes de que rodara el balón, firmas globales como Moody's ya advertían que en un país con una tasa de informalidad que supera el 54%, cerca de 500 millones de dólares de la fiesta mundialista terminarían circulando exclusivamente en las alcantarillas de la economía subterránea. 

El torneo no hizo más que confirmar los peores temores. 

Mientras el sector hotelero formal promedió una ocupación del 66%, con tarifas que se duplicaron en días de partido, cientos de miles de turistas, particularmente latinoamericanos cuyas estancias se prolongaron hasta por dos semanas, optaron por esquemas de hospedaje informal y plataformas de renta de corta estancia que operan en las zonas grises del fisco. 

El beneficio se pulverizó antes de llegar a las arcas locales.

En las calles, en las inmediaciones de los estadios y en las zonas turísticas, el comercio ambulante y los operadores de souvenirs apócrifos interceptaron de manera directa el gasto del consumidor. la asimetría fue brutal. 

El consumo masivo se topó de frente con el ambulantaje y las redes de piratería, que interceptaron el gasto del consumidor directamente a las afueras de los estadios. 

Hubo sectores de la economía organizada que lograron subirse a la ola, como los restaurantes, que reportaron incrementos en ventas de hasta un 30% los días de juego de la Selección Mexicana. 

Los perímetros regulados, como el exitoso Fan Fest de la capital, que operó en 18 sedes distintas y aportó más de 2,000 millones de pesos, demostraron que el modelo formal funciona cuando se le protege. 

La hotelería formal y el consumo de entretenimiento en las sedes mantuvieron a flote los 35,000 millones de pesos del gasto estrictamente turístico, pero esto solo sirvió para mitigar una caída que pudo ser peor. 

Sin embargo, para la inmensa mayoría de las micro y pequeñas empresas de barrio, el Mundial pasó de largo debido a su falta de infraestructura para cobros electrónicos y su nula visibilidad digital.

Como bien señaló Octavio de la Torre, presidente de Concanaco, el verdadero reto ahora es convertir esta experiencia en una política permanente de digitalización y turismo deportivo que blinde a los negocios familiares. 

La lección económica que nos deja este evento es una verdad incómoda: los grandes torneos internacionales no son una varita mágica que genera riqueza por decreto. 

Si el Estado no provee un marco de seguridad jurídica, un combate eficaz al contrabando y una regulación equitativa para la economía digital, los dólares del turismo extranjero simplemente se seguirán escurriendo por la vía de la informalidad. 

El Mundial ya casi termina en las canchas; la verdadera final se juega ahora en las calles, donde el rival a vencer sigue jugando sin pagar impuestos y sin respetar las reglas del juego.

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