El mundo ha despertado este lunes con el eco de las explosiones en Teherán.
La operación conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán, que ya ha cobrado la vida del Líder Supremo, Ali Jamenei, no solo ha dejado sin liderazgo a este país, sino que ha fracturado la relativa estabilidad energética que sostenía la recuperación global.
Sin entrar en los detalles que la geopolítica observa sobre este conflicto, vamos a tratar de analizar el golpe que esta situación puede provocar para nuestro país en términos económicos y más específicamente en lo que ha sido nuestro soporte económico por excelencia, el petróleo.
Para México, esta situación representa una paradoja peligrosa: ingresos petroleros al alza que esconden una trampa inflacionaria que podría repercutir en los automóviles en México.
El ataque, justificado por el presidente Donald Trump como una medida para frenar un "programa de misiles fuera de control", ha convertido el Medio Oriente en un tablero de fuego.
Con Irán atacando refinerías en Arabia Saudita y bloqueando el Estrecho de Ormuz, el crudo Brent ha saltado por encima de los 79 dólares, con proyecciones realistas de alcanzar los 100 dólares si el conflicto se prolonga las "cinco semanas" que la Casa Blanca ya anticipa.
Estamos ante el fin de la diplomacia y el inicio de una economía de guerra donde las rutas comerciales, desde el Canal de Suez hasta el Golfo de Omán, están siendo desviadas por el Cabo de Buena Esperanza, encareciendo cada contenedor que llega a nuestras costas.
El impacto en México.
En Palacio Nacional, la narrativa es de cautela.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha salido al paso asegurando que el peso resiste (cotizando cerca de los 17.36 por dólar y que los precios de las gasolinas no subirán de inmediato.
Sin embargo, el análisis de fondo sugiere tres frentes críticos para nuestro país:
El Espejismo de los Excedentes: El alza del petróleo es oxígeno puro para las finanzas de Pemex y el gasto público.
No obstante, este alivio es volátil. Si la guerra se extiende, el costo de importar gasolinas y gas natural, del cual México es dependiente, neutralizará cualquier ganancia por la venta de crudo pesado.
La Amenaza de la Inflación Importada: Con las navieras más grandes del mundo suspendiendo rutas en Oriente Próximo, el costo de los fletes globales se disparará.
México no es una isla; la inflación, que Banxico intentaba domar para llevarla al 3.0%, podría recibir un choque externo que obligue a mantener las tasas de interés elevadas, frenando el crédito y el consumo interno.
El Factor Mundial 2026: A poco más de 100 días del silbatazo inicial de la Copa del Mundo, la inestabilidad global es el peor escenario.
El incremento en los costos de transporte aéreo y logística podría mermar la rentabilidad del evento y la llegada de turistas internacionales, un pilar esperado para el crecimiento del PIB este año.
México se encuentra en una encrucijada. La estrategia de usar el IEPS como amortiguador para que "no suba la gasolina" tiene un límite fiscal.
No podemos apostar la estabilidad nacional a que el conflicto sea breve.
La lección de este marzo de 2026 es clara: la soberanía energética no es solo extraer petróleo, sino tener la capacidad de procesarlo y proteger la cadena de suministro frente a un mundo que ha decidido, una vez más, resolver sus diferencias por la vía de las armas.
Es momento de que la política económica mexicana pase de la reacción a la previsión.
El humo sobre Teherán llegará, tarde o temprano, en forma de factura a las gasolineras de nuestro país.