Es poco antes de la medianoche del domingo 22 de febrero. Las luces parpadeantes multicolores franqueando la vía, hacen parecer a la Calzada Lázaro Cárdenas una pista de aeropuerto. Es eso y que no hay un solo vehículo en ella, espectáculo que nunca me había tocado presenciar en Guadalajara.
Ha sido una jornada de terror la que hemos vivido los habitantes de la capital de Jalisco. Resguardados en casa, exprimiendo pastas y latas de la despensa porque no hay comercios abiertos. La incertidumbre, el coraje y la sorpresa, se mezclan en una sensación que por momentos nos disputa el aire.
Así, encerrados, comienza la otra tortura. La de redes sociales y chats de WhatsApp que difunden todo tipo de historias descabelladas que sustituyen a la información oficial que nunca llegó.
Por este medio, llegan versiones de un avión incendiado en el aeropuerto tapatío, lo que es falso; amenazas de que abrirán fuego contra la población civil y farmacias y supermercados incendiados, también falso.
Pero por las redes, llegan fotografías reales de una tienda Oxxo incendiada. Está ubicada a 50 metros de mi domicilio. El sitio donde la noche anterior hice algunas compras.
Hago un recorrido por las calles cercanas de la colonia en busca de una tienda de abarrotes abierta. Es inútil. Todo está cerrado y en las calles, en el parque cercano y en todas partes, no hay una sola alma, un episodio apocalíptico.
Busco en la televisión y en las redes sociales oficiales del Gabinete de Seguridad y la Presidencia, algún mensaje o información que atenúe la zozobra. Solo medios de comunicación difunden detalles del operativo en Tapalpa y son éstos los que dan a conocer “extraoficialmente” la muerte del “Mencho”.
Los ciudadanos comparten videos y fotografías de bloqueos; el incendio, ahora sí, de la tienda Costco de Puerto Vallarta y hay quien elabora un sitio con los puntos donde hay bloqueos o unidades incendiadas. Las autoridades locales piden permanecer en casa, anuncian suspensión del transporte público, de clases, de actividades oficiales el lunes.
En medio de esta crisis, debo acudir al aeropuerto a recoger a un familiar que viene de Los Ángeles. Debió salir a las 14:40, pero salió a las 19:40. Con retraso, el avión llegaría a las 23:00 horas.
Camino al aeropuerto encontré dos camiones y dos autos calcinados. Antes de llegar, a lo lejos, un grupo hace señales para que me detenga. Es un momento que eriza la piel por no saber quiénes son. Pero se trata de militares que piden que me detenga para que cruce un convoy con efectivos.
En la terminal aérea hay personas acostadas en los pasillos utilizando su equipaje como almohada. Hay quienes sacan chamarras para cubrirse ante el inclemente aire acondicionado que como agujas congeladas hiere a los pasajeros.
Cientos de viajeros quedaron varados. Hay vuelos cancelados y otros demorados por varias horas. Los escasos restaurantes y cafés están cerrados. La tienda Oxxo también permanece con candado.
En los pasillos, máquinas expendedoras de la llamada “comida chatarra” están vacías y la gente deberá dormir con la panza de farol a la espera que al día siguiente pueda tomar un vuelo.
Y al retorno del aeropuerto, casi a media noche, la tensión y el pánico aumentan por el riesgo de encontrarme con los que el gobierno ha bautizado como “generadores de violencia”…
Lunes 23 de febrero. El pasaje apocalíptico continúa. Un abarrotes abierto y una fila interminable. En una tortillería, más de una hora de espera para conseguir el producto. El resto de los negocios cerrados. Por redes, en grupos de vecinos, corre otro rumor. No es otro bloqueo. Tampoco un incendio… es una carnicería que abrió y hay que apurarse antes que se acabe todo.
(No es que el operativo sobre la muerte del “Mencho” y lo que viene no sean importantes. Será motivo de futuras entregas. Pero hoy solamente quise exponer, como cualquier habitante de esta casi tres veces ciudad mundialista, el temor y la inquietud que compartimos por ese día de terror y los tiempos que se avecinan).
Lo invito a que me lea, escuche y vea en www.paraleloveinte.com