En un artículo aparecido en el último número de la revista Va de Nuez, Gabriela Camberos, hablando de la literatura oficial y la no oficial, destaca que escritores como Bolaño tuvieron que adoptar un estilo editorialmente impuesto para publicar en una casa editorial. La necesidad de esa conversión tan sólo para publicar, desde luego, aparta a la obra de su valor intrínseco y la convierte una mercancía. Un amigo afirma que todos los seres humanos somos iguales en un 90 por ciento y que nos distinguimos sólo en el 10 por ciento restante. Allí, dice, estaría lo que los artistas llaman genio.También hay una hipótesis mesiánica que asienta que un genio aparece, uno en un millón, por siglo. De acuerdo a ella, conviene que haya un gran número de artistas básicos para que en un momento de la historia aparezca el genio.Pareciera que la esperanza es que el día menos pensado la luz del genio ilumine nuestra época. Si así ocurriera, resaltaría el pensamiento implícito de que el genio nace, no se hace, problema al parecer ya tirado por la borda con la tesis religiosa de que la creatividad la tiene todo hijo de Dios. De allí la importancia de la proposición de Gabriela Camberos, pues devela la imposibilidad de la aparición del genio, promovida por la buena escritura tal como la imponen las editoriales.Con la imposición de un estilo editorial, promueven la mediocridad de los escritores cuyo mayor deseo es ver sus escritos impresos y encuadernados exhibiéndose en una librería, pues publicar, para muchos, es el mayor logro de su vida. Esta actitud nos manifiesta un cambio en el canon literario, que anteriormente se preocupaba por la buena escritura más que por la publicación.En las tesis se pide al aspirante renombrar una definición existente para que aparezca como aportación personal; así, lo dicho por un estudioso literario serio tendrá un nuevo nombre pero no un nuevo contenido, lo cual revela que lo importante es publicar, no aportar los contenidos obtenidos a través de la experiencia. Cumplir el canon literario impuesto es el requisito editorial con el que se evade toda posibilidad del genio, pues lo relevante es que la persona sea reconocida como poeta, novelista, dramaturgo o investigador, y no los logros de sus investigaciones.
Conversión necesaria de la escritura
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Carlos Prospero
Ciudad de México /
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