Qué se puede decir cuando no hay nada que decir y solamente hay una sensación de vacío y un dolor sordo que insufla el cuerpo y la mente?
Cuando esto ocurre, todo se ve sin ningún juicio, ni prejuicio, como un espejo refleja al objeto.
“Tú eres lo que refleja el espejo, pero no eres el reflejo”, dice un proverbio zen.
Pienso entonces en ese modo de ver que Husserl llamaba “epojé”, que se tradujo al español como “intuición”, un pestañazo, con el que vemos la esencia de lo que vemos, la figura y su fondo.
En el silencio de las cosas, el cual ocurre en medio del mundo en el momento menos esperado, aparece la epojé y vemos las esencias.
Así fue como lo vi de pronto caminando en la explanada de la FIL bien escoltado. Me paré en la línea de su camino; los dos hombres de adelante me vieron, pero, con cierta suspicacia, siguieron caminando más lentos, los dos de atrás se acercaron cerrándome un poco el paso. Entonces mi amigo salió de su ensimismamiento, me vio, me saludó levantando la mano y siguió su camino. Un hombre un poco menor que yo, cansado, políticamente derrotado, con la preocupación de que pronto acaba todo, pero resistiéndose. No es lo que uno piensa, sino lo que es.
El deseo nos mueve, sí, pero la realidad delimita nuestras acciones.
El deseo es el impulso que nos mueve a hacer lo que queremos hacer, pero es la acción lo que nos hace cumplir aquello que buscamos, pero ¿qué sucede cuando esa meta tan buscada se cumple?
Nada queda por hacer. El sujeto nada tiene ya qué hacer, y aunque puede plantearse otras metas se queda quieto como la imagen de una fotografía, por un minuto o por un largo tiempo.
En ese momento en blanco, hay tres caminos, uno corto, otro largo y un tercero que no lleva a ninguna parte, que ante la incapacidad de seguir adelante repite lo aprendido:
Dio las gracias a México que la recibió asilada, a los poetas que la cobijaron y a todos los que, según dijo, le permitieron seguir escribiendo.
Nada nuevo, pues, pero “la vida pasa, vuela…”, dice un poema, y el hombre es incapaz de seguirle el paso, a menos que…
En el momento de la epojé hay una sensación de vacío y un dolor sordo, el pago somático por el saber, que nos llevan indudablemente a un conocimiento profundo, intenso, de la realidad y de las personas.
La epojé es ese momento que comúnmente llamamos inspiración.
El momento de la inspiración
- Los caminos no vistos
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Carlos Prospero
Jalisco /
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