Entre el buen decir y el decir bien

Jalisco /

Hay una gran diferencia entre el buen decir y el decir bien.

Los textos del buen decir se refieren a un hecho que se presenta por primera vez.

Los textos del decir bien reproducen un orden o fijan un estilo mediante la imitación.

El valor de esos textos del buen decir radica en la novedad de su contenido y de la forma en que se presentan.

Pero sucede que una vez que se conoció esto, se buscó la forma de divulgar cómo es ese buen decir, y como consecuencia se perdió el límite entre el buen decir y el decir bien.

El buen decir transformado en el decir bien fue semejante al cambio del valor de uso al valor de cambio.

Así, pues, los objetos de arte se transformaron en mercancías, que ingresaron al mercado y al intercambio mediante la oferta y la demanda.

Decir bien las cosas es una forma, un estilo, una representación, que cualquier puede hacer.

Las artes, la política, la religión, se hicieron representaciones y por ello los que practican estas actividades sólo se preocupan de decir bien lo que quieren decir.

La literatura, en consecuencia, se volvió comunicación.

Como tal, la poesía, el cuento, la novela, el drama, comunican algo que deberíamos saber o entender y para entender ese mensaje que todo mundo sospecha existente en un texto literario hay que leer y hay que interpretar.

La intuición es más poderosa que la razón, según el pragmatismo, y sólo hay que dejarse llevar por el corazón, pues en él se encuentra el buen decir.

Pero no nos engañemos, todas las relaciones están condicionadas por el interés que subyace en ellas, y el corazón o la intuición pertenecen ya al mundo de lo artificial.

Hoy en día todos se preocupan por decir bien lo que quieren decir.

Democratizar la cultura ha sido un engaño utilizado para hacer creer que la calidad de un texto literario se halla en que todos crean que pueden hacer uno.

La literatura es un hacer que se relaciona con un conocimiento imposible en la democracia, usada para mantener el control de la conciencia.

El poeta tiene una conciencia alterada por naturaleza, y por ello su percepción es distinta de la del hombre común. Su buen decir es natural y por ello su decir bien va paralelo a su hacer.

En conclusión, hay mucha obra que dice bien –sus autores conocen la gramática y el lenguaje figurado, pero que no rebasa las reglas de la gramática y por ello nunca llega al buen decir.

  • Carlos Prospero
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