Hemos sido educados con ideas extrañas, ajenas a nuestra realidad y por eso es que somos seres que no encontramos nuestro lugar en el mundo. Sostenemos esas ideas bárbaras (extranjeras) porque son parte de nuestra brújula en este viaje, aunque siempre renegaremos de ellas por su incompatibilidad con nuestra idiosincrasia. Las aceptamos porque es lo que nos inculcaron, pero luego no sabemos qué hacer cuando tenemos esa lucha interna entre el conocimiento que no reconocemos y ese que nos han impuesto. Con el tiempo, con la edad, ese nuevo conocimiento nos distingue, nos separa del común de nuestros semejantes y nos volvemos adversos a ellos por su ignorancia de ese saber que nos impusieron como una marca de agua, como un herraje. Es por esa distinción que sentimos logramos con ese conocimiento ajeno introyectado que agradecemos y loamos a los autores de tal y nos identificamos con ellos, con ese grupo de pensadores que razonaron, argumentaron, e incluso inventaron, lo que ahora consideramos como verdadero, universal. 2 / No hemos creado ninguna idea nueva partir de esos conocimientos adquiridos, sólo los repetimos y en el mejor de los casos los aplicamos en algunas soluciones técnicas de problemas que fueron creados partiendo de esos saberes. Los nuestros quedaron sepultados en el inconsciente y cuando emergen de manera súbita nuestra reacción es acallarlos, pues ese saber nos separa del nuevo grupo al que nos hemos apendizado involuntariamente. Nuestra ciencia y nuestro arte no son más que una prolongación de lo que nos impusieron y de lo que estamos orgullosos, pues nos han distinguido, tanto de nuestro pueblo originario como de nosotros mismos. Ahora somos, en lo personal, extranjeros de nosotros mismos: seres divididos que luchan por lograr la unidad en una cultura ajena, extraña. 3 / Siempre hay un escozor, una psoriasis, que carcome la piel, que se va quedando fija ante la rasquiña como respuesta, en un círculo vicioso semejante a un laberinto sin salida. Hay unos más sensibles que otros y éstos quisieran bajarse del tiovivo al que se subieron sin pagar boleto, pero la única información que hay está sesgada por la visión de la cultura internalizada. Sin embargo, debe haber alguna salida, un modo de hacer, para salir del laberinto, lo cual implica, primero, un cambio de percepción de las cosas. Hechas las estructuras mentales con la información de aquella cultura embutida en nuestras neuronas, ¿podríamos modificar las estructuras, cambiarlas por otras diferentes, e iniciar un nuevo camino hacia un futuro distinto? Nuestro maestro Rumi decía: “Crea la necesidad y aparecerá el órgano”.
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Carlos Prospero
Ciudad de México /
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