La clave para la solución, dice Fabián Gómez, es quitarnos de la cabeza la idea de que es necesario que los artistas tengan representantes en el Congreso federal y el local, en el gobierno del Estado y en el municipio.
No se trata de eliminar esos cargos, sino de darles su propia dimensión. El Estado en cualquiera de sus tres instancias sólo es un administrador, no un juez dictaminador que dice qué o quién sí o qué o quién no. Esto lo debe decidir la comunidad de artistas de acuerdo al prestigio del artista al que se quiere reconocer apoyando sus proyectos. Para él, el concepto de prestigio es muy importante, porque éste se logra mediante la elaboración de obras de excelente factura, con técnicas propias del tiempo en el que se hacen y con propuestas que irían más allá de lo que hasta la fecha se ha logrado.
Sin tomar en cuenta las discordias entre los grupos, Fabián Gómez destaca que un grupo de artistas reproducen el mismo paradigma de mentalidad colonizada en el que quien encabeza al grupo es quien lo representa. Hay un infantilismo en esta idea de la representatividad, inaceptable pues se considera que los artistas son la parte de la sociedad que tiene mayor desarrollo de la conciencia, del entendimiento y de la técnica.
La representatividad de los que ejercen el gobierno se manifiesta con una actitud paternal frente a los gobernados. Y los artistas viven engañados por sí mismos al considerar que no pueden hacer nada sin el apoyo de los gobiernos. Habría que considerar la idea de una Fuente abierta en la que toda la comunidad participara en la decisión de los proyectos a realizar, eligiendo a quienes respaldan su obra con su trabajo, y no por compadrazgos, dependencias emocionales, o amiguismo. Es este infantilismo el que facilitará la fusión de Cultura y de Turismo en un Organismo Público Descentralizado. Porque como padre, los gobernantes son los responsables de sus hijos; siempre menores de edad. Así es la cadena improductiva que fusionará, en Jalisco, Cultura y Turismo si, y sólo si, la comunidad de artistas no toma su responsabilidad. Tomar su responsabilidad significaría modificar su visión del mundo, cambiar su necesidad de ser representados por alguien que resulta ignorante del arte y que piensa que aprenderá si obtiene un papelito que diga Maestro en Letras o de cualquier otra área del arte. Necesitarían abandonar la güeva y hacer lo que tienen que hacer como ciudadanos responsables.
Representatividad contra la Cultura II
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Carlos Prospero
Ciudad de México /
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