Las habilidades que forman a quienes hacen ciencia

  • Citnova
  • Carmen Cortés López

Hidalgo /

Estudiar ciencia y tecnología es mucho más que dominar un conjunto de conocimientos técnicos; es adoptar una manera particular de observar la realidad, de cuestionarla y de transformarla. Quien se forma en estas áreas aprende pronto que el conocimiento no es estático ni definitivo, sino el resultado de una búsqueda constante que exige curiosidad, rigor y compromiso. La ciencia y la tecnología avanzan gracias a personas que se atreven a preguntar, a dudar de lo establecido y a explorar caminos que, en un inicio, no siempre ofrecen certezas.

La curiosidad intelectual es, en este sentido, el punto de partida, como una disposición permanente a indagar el porqué de los fenómenos, a profundizar en lo que no se comprende del todo y a no conformarse con respuestas simples. Esta actitud va acompañada de la capacidad de analizar, comparar y evaluar información con cuidado. En un entorno saturado de datos, estudiar ciencia y tecnología implica aprender a distinguir entre evidencias sólidas y afirmaciones sin sustento, a construir argumentos y a tomar decisiones basadas en el razonamiento crítico.

A lo largo de este proceso, los estudiantes se enfrentan de manera constante a problemas complejos que no admiten soluciones inmediatas. Resolverlos demanda creatividad, paciencia y la disposición de intentar una y otra vez. El error deja de ser un fracaso para convertirse en una fuente de aprendizaje, y la frustración, lejos de paralizar, se transforma en una oportunidad para replantear estrategias y fortalecer la perseverancia. Por ello, la resiliencia se vuelve una habilidad tan importante como el conocimiento técnico.

La ciencia requiere método, orden y tiempo; la tecnología, actualización continua y adaptación al cambio. Ambas demandan hábitos de estudio sólidos y una actitud de aprendizaje permanente, pues lo que hoy es novedoso mañana puede quedar superado.

Finalmente, estudiar ciencia y tecnología implica asumir una responsabilidad ética y social. El conocimiento generado no es neutro: tiene impactos reales en la vida de las personas, en las comunidades y en el entorno. Formarse en estas áreas supone, por tanto, desarrollar sensibilidad social y conciencia del papel que el saber científico y tecnológico desempeña en la construcción de un desarrollo más justo y sostenible. Así, las habilidades que se requieren no solo preparan a profesionales competentes, sino a ciudadanos capaces de pensar, decidir y actuar con responsabilidad frente a los desafíos del presente y del futuro.

Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.