La Inteligencia Artificial (IA) está cambiando la forma en que los consumidores buscan. Pasamos de hacer consultas basadas en palabras clave a buscar información de forma detallada y alineada a lo que queremos conocer o comprar. Realizamos búsquedas de nuevas formas, ya sea a través de una experiencia conversacional por texto, tomándole una foto a un producto en una tienda física para encontrarlo en línea y comparar su precio o platicando literalmente con un agente de IA para obtener detalles del ambiente que nos rodea.
Estos nuevos comportamientos los vemos todos los días y lo que podemos concluir es que la Inteligencia Artificial no se percibe como una máquina de códigos fría, sino como una socia para nuestra mente. Un asistente de pensamiento que nos devuelve nuestro recurso más valioso: el tiempo.
La IA pasó en tan poco tiempo de ser una novedad, a convertirse en una extensión de nuestros hábitos, y no solo para temas de entretenimiento o generación de recursos creativos, sino para ser una acompañante a lo largo de los procesos de compra.
Esto lo vemos reflejado en México, en donde 8 de cada 10 personas conectadas, ya utilizan herramientas de Inteligencia Artificial, de acuerdo con un análisis realizado por Ipsos a principios de 2026, el cual también concluyó cómo esta misma tecnología está impulsando la generación de un consumidor más activo, crítico y empoderado.
Por ejemplo, más de la mitad (51 por ciento) de las personas encuestadas mencionó que utiliza la IA para generar evaluaciones automáticas de pros y contras de un producto o servicio, mientras que un 45 por ciento la emplea para comparar precios y funciones técnicas entre marcas antes de comprar.
De hecho, 88 por ciento de los usuarios de Inteligencia Artificial considera que la misma ha facilitado sus procesos de compra.
Pero, ¿qué es lo que realmente valoran de interactuar con herramientas que son impulsadas por la IA durante su proceso de compra? El tiempo. Las personas señalaron que la IA les ahorra en promedio 2.8 horas a la semana.
Ahora bien, pese a que esta tecnología se estaría consolidando como un asistente de opinión, la decisión de compra sigue radicando en el consumidor. La encuesta realizada por Ipsos arrojó que 95 por ciento de las personas dijeron que no delegarían la decisión de compra a la IA.
Para las empresas y marcas, esto significa que su éxito ya no está centrado en perseguir al cliente, sino en utilizar la inteligencia artificial para reconocer su intención y anticiparse al momento exacto en que nace su curiosidad. Al poner a la IA como el epicentro de la inspiración, las empresas pueden automatizar conexiones más eficientes. Sin embargo, en un ecosistema de descubrimiento acelerado, la clave de la conversión es transformar esta velocidad en confianza a través de información clara, rigurosa y respaldada.
Las empresas que lo hagan podrán capitalizar el momento de expansión que la IA trajo a la búsqueda.