Iniciamos este nuevo ciclo, un lienzo en blanco que se nos ofrece para escribir una nueva narrativa de nuestra vida. En días pasados nos deseamos entre todos lo mejor, éxito en nuestros proyectos y obligaciones, lo mejor dicho fue dado por los otros a nosotros. Fueron y son los mejores deseos; bien recibidos, con alegría, y confianza.
Quiero reflexionar, no en lo que nos obsequiaron los nuestros en semanas pasadas, sino en aquello que nos regalamos y deseamos para nosotros mismos, en ese dialogo silencioso, casi un susurro, que en algún momento realizamos al amparo de nuestra confidencialidad con nosotros mismos, en el que no podemos vendernos simulacros o imágenes de lo que nos gustaría que fuera, ahí donde nos decimos y nos confiamos.
En este año me digo “me comprometo a vivirlo con plenitud en todos los sentidos, abierta al aprendizaje que me ofrecen todas las personas que me rodean, curiosa a conocer otras formas de ver la vida, y explorando formas distintas de construir comunidad. Mantendré abiertos los ojos, para tener nuevas amistades que me compartan su modo ver al mundo, desde el prisma con el que lo ven, pues entiendo que cada ser humano es un universo nuevo por descubrir, tal y como yo soy para otros”.
En este inicio de año volveré nuevamente a contribuir con amor y dedicación a la conservación de la salud, pues es imprescindible para cualquier proyecto de vida que hayamos decidido hacer, fomentar la conversación para fortalecer los lazos identitarios con las personas que tenemos puntos en común, y pese a signos de adversidad que respiramos por estas tierras, mantener el optimismo de que las cosas pueden cambiar.
Lo anterior es posible cuando se tiene esperanza, en sentir que uno puede tener aquello por lo cual este trabajando todos los días, es el sentimiento que nos alimenta a los humanos, es la energía necesaria para continuar en el camino.
Al inicio de este nuevo lienzo, estimados lectores, les propongo para este año mantener la esperanza de que aquello que deseamos para cada uno, nuestra familia, nuestra comunidad, y obviamente para nuestro amado México, pueda mejorar, y en algunos casos cambiar, para lograr, junto con el esfuerzo de cada uno, alcanzar la felicidad, a la cual tenemos derecho inalienable, al que nunca, debemos renunciar.
Que nada, que nadie nos arrebate la esperanza… ¡Que así sea!