¿Con qué mirada lo vemos?

Estado de México /
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Cuando entramos en contacto con otras personas en nuestra cotidianidad, vemos a quienes, por algún motivo, tienen una relación con nosotros, ya sea de carácter personal, laboral o social, establecemos una comunicación, ya sea través de la palabra, el lenguaje corporal, o incluso, en silencio con las miradas. El hombre, como género es un animal social, requiere del concurso de otros humanos para sobrevivir, no sólo a partir del intercambio comercial, o transacciones de capacidades especializadas, requiere la compañía del otro, en el mejor de los sentidos, y lo más amplio del concepto.

En las interacciones personales, se desarrollan sentimientos y emociones, que solidifican los lazos identitarios, a partir de diversos factores humanos, siendo los valores los que propician mayor durabilidad en las relaciones entre los humanos, ello nos ha permitido sobrevivir como especie primero, y como sociedad. Si estamos de acuerdo con lo anterior, queridos lectores, quiero detenerme a compartirles la siguiente reflexión.

Partiré del entendido que todos los valores son importantes para el desarrollo y fortalecimiento de las relaciones humanas, sin embargo, creo son progresivos, de tal suerte, que, a través del tiempo y las acciones, nos van llevando a relaciones más solidas y duraderas. Por ejemplo, la amistad entre dos personas, que con el paso del tiempo, y voluntad, las llevan a desarrollar lazos de entendimiento mayores, y profundos… como por ejemplo el amor.

En esta lógica me quiero detener en un valor que consecuentemente, con el cuidado y atención debida se convierte en un referente de quienes somos frente a los demás, toma sentido y conciencia, cuando se refieren a nuestros actos, nuestras opiniones, y fundamentalmente a nuestros actos. La dignidad es un valor que nos ennoblece, y nos proporciona orgullo y valor.

En esta vida, nos encontramos, por fortuna, con decenas de personas, conocidas o no, que demuestran diariamente, como entienden este concepto, y sobre todo, como logran conservarlo.

Básicamente con humildad y congruencia, entre lo que se dice, con lo que se hace. No es fácil a veces conservarla, cuidarla y fomentarla, requiere un grado importante de templanza para sentirse una persona digna.

Principalmente en aquellos que teniendo un pequeño poder, son capaces de traicionar el valor de la palabra, perdiendo cualquier signo de dignidad.

Al respecto, decía Immanuel Kant… “Todo tiene o bien un precio o bien una dignidad”

Comienza el tiempo en que veremos los hechos de ese tipo de personas.


  • Carolina Monroy
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