El prestigio no retoña

Estado de México /

A la vista de lo que acontece en nuestro país, reflexiono, como seguramente lo hacen muchos de los lectores de nuestro diario, sobre la necesidad de atender los problemas actuales desde las causas, con profesionalismo, responsabilidad, y algo más, que está escaso en estos tiempos: con imaginación.

El camino que se recorre en la búsqueda de soluciones es largo y sinuoso en la mayoría de los casos, y su resolución acertada llena de plenitud a quien logra las metas planteadas, obteniendo el reconocimiento de eficiencia por parte de quienes se encuentran en su entorno. Esto se define socialmente como prestigio.

Es necesario recordar que toda actividad humana siempre se enfrenta a dificultades, retos y obstáculos que requieren nuestra atención e inteligencia para resolverlos. Estarán de acuerdo conmigo en que en este proceso de atención, siempre están presentes las emociones que influyen en nuestras decisiones, y por lo consecuente en el curso de la atención final.

Nadie se escapa de esta variable por una simple razón: porque todos somos humanos, racionales, inteligentes y emocionales.

Las emociones son inherentes, por fortuna, al ser humano. Sin embargo debemos procurar conservar el temple frente a ellas, ya que puedan destruir por completo a la persona, así como el prestigio construido.

Mis mayores me enseñaron la fidelidad a los principios y valores, y que el prestigio, como la confianza, lleva mucho tiempo para construirlo con dedicación y constancia, que se forma con pequeños actos cotidianos en los que los demás lo reconocen cuando es sincero y constante.

El prestigio llena de orgullo a quien lo ostenta, nos envuelve en un halo de sentimientos hermosos al sabernos aceptados, reconocidos, valorados, y tal vez, hasta queridos.

El prestigio es una camino largo y permanente que nos lleva a construir el legado de nuestra vida, y se consolida a partir de lograr resultados de lo ofrecido, siendo congruentes con los principios y compromisos. Manteniendo además la empatía con los otros, luchando por tener logros excepcionales, actuando con integridad, eligiendo seguir por el camino de la congruencia.

Tal vez la lista de cómo construir el prestigio personal sea muy larga, y la forma de hacerlo sea un listado largo de buenas intenciones y muchos requisitos.

También estarán de acuerdo conmigo en que el prestigio, como la confianza, es un sentimiento que cuesta tiempo construirlo… y se puede derrumbar en un segundo. Con un solo acto, una actitud.


  • Carolina Monroy
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