Migrantes, un dilema

Estado de México /
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Pienso que los acontecimientos en nuestro país, y en todo el mundo, rebasan por demás la capacidad de analizar y procesar tanta información, porque entre las tareas cotidianas (laborales y familiares) se nos va el tiempo y sólo podemos expresar apenas un sentimiento de bolsillo, desechable.

Este se manifiesta con una intención confusa, entre empatía y lastima.

Difícil de saberlo y fácil de generalizar.

Es lo que observo: actos atroces que denigran el significado de eso que llamamos condición humana, esa idealización de bondad y amor que nos alimenta la mirada y que lastima nuestra razón, al saber cómo se ha degradado el significado de lo humano, por la acción irracional de quienes se mueven por la acumulación de poder y dinero.

Lamentablemente la descripción de un hecho no es solo de un dígito, son decenas de expresiones que vemos.

Imposible mencionar todas, porque si pensamos que listamos el total, seguramente con base a la “creatividad” del hombre rebasaríamos con creces el límite pensado.

Imposible.

Todo este preámbulo, queridos lectores, lo hago para compartirles mi reflexión sobre un tema que he estado observando a raíz de la migración que se tuvo en Ceuta, punto estratégico y tradicional de migración del África continental a territorio español.

Al ver esas imágenes desgarradoras en la que predominaban hombres jóvenes, reflexioné sobre las emociones que pudieran tener en esos momentos, tratando de descifrar el sentido de sus miradas y la marea de sus emociones. Traté de imaginar, primero, qué podría sentir yo en su lugar, y siendo auténtica, por más que traté no pude sentirlo, a lo mucho sólo imaginarlo.

Me aterra sólo pensar que pudiera tomar la decisión de abandonar a mi familia, mi casa, mis amigos, mi entorno y mi país; sólo imaginar amanecer en un lugar extraño y ajeno vulnera todo lo que soy.

El migrante es quien se “atreve” a cruzar la frontera, en la que lo único que tiene es su decisión de caminar con la esperanza de llegar, de transitar, sólo confiando en la gente “buena” que se encuentre en el camino, y no en los malos “seres humanos”.

Es un tema que no se agota en 400 palabras, seguiré compartiéndolo con ustedes. Sólo les sugiero ver con otra mirada a quien tomó la decisión de salir de su entorno y busca encontrar los medios “para alimentar a sus pollitos”.


  • Carolina Monroy
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