Siguiendo los días

Estado de México /

En la anterior entrega cerraba con una cita de Ignacio Solares en el sentido de que la cultura es el antídoto al veneno de la violencia. Esta reflexión es crucial para mí, pues dibuja una hoja de ruta para entender la sociedad en la que vivimos, y de manera paralela, armar un boceto de posibles soluciones.

Si partimos del contenido tan amplio del concepto de cultura, podemos acercarnos a explicar los motivos que provocan la violencia, que no necesariamente son de origen económico. No es intención de este espacio hacer análisis sesudos sobre ello, sólo lo señalo como el marco de referencia para la siguiente reflexión.

Viene a colación sobre los acontecimientos que nos ha rodeado desde principios de año, no únicamente en México, también en lo internacional de los últimos días, todo ello lo veo con sorpresa y, debo de confesar, hasta con cierto temor.

Hechos que han derivado en la pérdida de vidas humanas, lo que nos lleva a buscar en silencio la explicación razonable de esta atrocidad, en lo personal no encuentro alguna que me dé, ya no tranquilidad, sino un poco de lucidez; que me explique, por ejemplo, lo irracional de la fuerza bruta empleada por las fuerzas que debieran darles seguridad a los ciudadanos de Minnesota.

Ante este panorama social existen en el ambiente muchas más preguntas que no tienen respuestas. ¿Qué motivaciones hay en quienes acumulan tanto poder en sus decisiones? ¿Es correcto seguir pensando en la democracia como forma idónea de convivir en sociedad? ¿Si propicia a partir de la investidura con la que se elige a un ciudadano le da la libertad de decidir sobre la vida de millones de personas?

Sólo son algunas disertaciones que están flotando en el ambiente global, y en las redes sociales. Fuera de la explicación política, creo que se remite a algo mucho más filosófico, y etéreo: la conciencia de cada ser humano.

Recuerdo una cita de Adela Cortina en su libro “¿Para qué sirve realmente?... la ética”:

“… la lección de aquel jefe indígena que contaba a sus nietos cómo en las personas hay dos lobos, el del resentimiento, la mentira y la maldad, y el de la bondad, la alegría, la misericordia y la esperanza. Terminada la narración, uno de los niños le pregunto: abuelo, ¿Cuál de los lobos crees que ganará? Y el abuelo contestó: el que alimentes”.


  • Carolina Monroy
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