Las entregas de inicio de año estaban llenas de optimismo, buena voluntad y esperanza… Obviamente no sabía los acontecimientos con los que nos recibiría el nuevo ciclo, en el que si algo se está poniendo a prueba es precisamente la esperanza sobre la conducta del ser humano sobre otros. Noticias de la violencia en nuestro continente, en los que los intereses económicos y geopolíticos prevalecen sobre los valores humanos universales.
Se argumenta sin recato alguno que lo importante son los recursos naturales y la preponderancia de la fuerza sobre el débil, la muerte por encima de la vida, como el medio para la obtención de poder y dinero. Sin importar el valor sublime de la vida por sobre los intereses corporativos o políticos de grupos de interés, la humanidad ha sido arrastrada a largos periodos de guerras e intervenciones en distintas partes del mundo durante la historia de la humanidad.
La condicionante permanente es la imposición de los intereses del más fuerte ante el más débil con el objetivo de someter a otros pueblos para el trabajo esclavizado, la apropiación de los recursos naturales y la ampliación de los territorios.
En el siglo pasado se pensaba que la democracia y la libertad serían preponderantes, y por consiguiente la paz sería permanente -el estado ideal para el desarrollo de la humanidad, hasta se había declarado el fin de la historia.
Sin embargo, los personajes emergentes estaban en situación embrionaria para emerger a finales y principios del siglo XXI, acechando y leyendo correctamente las fisuras para una forma oportunista de hacer política.
Aprovechando el desencanto y confusión de grandes masas de personas, carentes de formación política que tomaran decisiones acertadas sobre la elección de líderes que fundamenten sus acciones en valores humanos, ciertos personajes saltaron a la disputa por el poder, ejerciéndolo a partir de su visión totalitaria, narcisista y utilitaria del ejercicio del poder.
Los resultados están a la vista: estos “líderes” fundamentan su ascenso sembrando de confrontación la discusión de los asuntos públicos, fomentando a través de los medios de comunicación colectiva la violencia verbal que genera la desconfianza entre amplios sectores sociales de la población, explotando sus posibles resentimientos emocionales, que dan como infalible resultado la división profunda de las sociedades.
Seguiremos con esta reflexión, sólo concluyo con una cita de Ignacio Solares… “la violencia es el veneno; el antídoto es la cultura”