Desde la última contribución me quedé reflexionando, mis querido lectores, sobre la importancia que tiene sobre nuestras vidas la ética, la que guía nuestra vida cotidiana. Independientemente de su significado etimológico, este valor tiene un significado relevante en la vida de todos nosotros, contribuye a que seamos libres de pensar, hacer y decidir, toda vez que la correspondencia de nuestras acciones con este valor nos permite a ejercer el valor supremo de elegir.
Subrayo que la ética no corresponde a un grupo social, político o religioso, es el resultado de una serie de variables que influyen en cada uno de nosotros para ser como somos, actuar en correspondencia a quienes queremos ser, y que los otros lo vean, lo acepten… y también lo reconozcan.
El ejercicio de la ética, aún siendo fundamental para la sana convivencia humana, no es un valor que se ubique y mucho menos se ejerza con la conciencia que debería de ser. Si fuera de uso generalizado tendríamos sociedades menos violentas, y más seguras.
Cabe mencionar que entre moral y ética no existe una disyuntiva, son dos valores que se complementan: la moral responde a la escala de valores de grupo que marca y establece las “reglas” a seguir por sus integrantes. En este sentido la moral te orilla “a hacerlo porque todos lo hacen”, para corresponder con el grupo al que perteneces o quieres pertenecer; la moral es maleable según los intereses de cada quien.
La ética no; esta te frena, te murmura al oído, te dice, “espera, reflexiona en las consecuencia de hacer tal o cual cosa”. Si no tuviéramos ese freno, al paso del tiempo estaríamos en insomnio por las consecuencias de “habernos ido en banda”, sin la paz que nos proporciona el haber hecho lo debido, lo congruente con nuestra ética.
Espero que para muchos de nosotros la ética sea la brújula que nos guíe por las intrincadas veredas que la vida nos ofrece, y en los retos que existen en cada rincón por los que transitamos. ¿Qué nos ayuda a no perdernos en las “tentaciones” que encontramos en ese caminar? Mi respuesta es muy sencilla, y compleja en su contenido: hacer lo que uno debe hacer… incluso cuando nadie te ve.
Y la tercera, fundamental, que aprendí hace muchos años del hombre que fue la columna vertebral que me enseñó que una vida con ética es la autora de una vida propia, en la que puedes decir que lo que haces es porque así lo decides, porque es lo correcto; porque yo lo pensé y decidí, y nadie me lo ordenó. Porque así debe ser.