Hay expresiones, frases, palabras, actitudes, eventos y hasta personas que caen en el desuso.
Ayer escuché la expresión “pasar en limpio”, una vieja práctica de mecanografiar un escrito sin errores, tachones y acotaciones al margen. Hoy, esa tarea es bien librada gracias a la computadora.
Lo que me llevó a pensar que hay aparatos que pasaron de la utilidad al ornamento, la máquina de escribir, los faxes y la contestadora/grabadora automática del teléfono fijo.
Las básculas antiguas de hierro con bronce fueron sustituidas por las pesas digitales, los relojes de mano por los celulares que dan la hora y tienen alarma. Adiós al despertador de buró.
Las nuevas generaciones poco saben de los reproductores de casetes de audio, de videos Beta y VHS; de los teléfonos fijos de disco. Poco saben de que antes de la mensajería instantánea, había comunicación breve y concisa por vía del telegrama.
Tenemos expresiones o dichos del vocabulario cotidiano utilizadas con frecuencia en el pasado pero que con el paso del tiempo se van olvidando:“Dormir la mona”, descansar durante la resaca; “andar en pandilla”, salir con amigos; “fulano, mengano y zutano”, personas indeterminadas.
Palabras como “escombrar” que refiere a poner orden ha sido casi sustituida por hacer la limpieza. En la casa de mis abuelos, mi abuelo, de vez en cuando, nos pedía a sus nietas “escombrar la covacha”, que era una bodega para guardar las cosas inútiles, los triques, decían los abuelos.
Aunque no es una generalidad, hay personas que trabajan en domingo obviando por necesidad el hábito del “descanso dominical”; los “domingos de fútbol” pasaron a ser intensas liguillas de partidos todos los días de la semana.
Hay oficios que se van extinguiendo, pero guardan cierto grado de nostalgia, el ‘afilador de cuchillos’, es uno de ellos, que anunciaba su presencia en las calles a través del tradicional sonido de un silbato.
Hay personas que hemos conocido o con quienes tuvimos algún tipo de relación, pero los años hacen que se borren de la prontitud de nuestra memoria.
Ahora en tiempos del confinamiento por covid-19 estamos frente a la incapacidad de usar algunas de las funciones físicas, como el sueño. Porque vivimos insomnes. ¿Acaso hay alguien que duerma bien? Yo no.
Concilio el sueño alrededor de las cinco o seis de la mañana, casi a la hora en que canta el gallo.
Mi yo insomne se pasa toda la noche lamentando que haya depositado los cigarrillos en el cajón de las cosas que ya no se usan. ¿Por qué habré dejado de fumar?