Mario Benedetti —poeta de la alegría de las tristezas y de los besos al atardecer— posterga su poema existencial y resuelve —esa voz poética— escribirlo para el siglo veintiuno o quizá para el veintidós.
“Vamos a ver/ ¿cómo se escribiría un poema existencial? / ¿preguntando a la ceniza por el fuego? /”, se cuestiona Benedetti.
En la contradicción lírica de ¿cómo se escribiría un poema existencial?, enaltece la sencillez de las cosas y, en su búsqueda existencialista, concede sabiduría al piojo y a los sucesos de cada día: “¿a la migaja por el pan nuestro? ¿al piojo por el universo? ¿a la saliva por el beso? ¿a la seda por el gusano?”
En el libro La vida ese paréntesis (Alfaguara, 1998), el poeta Mario Benedetti detalla sus temas particulares como espiral al infinito universal: el amor, la vida, la muerte y las nostalgias. Las marcadas melancolías del pan nuestro de cada día, de los puntos de vista y de las idas y vueltas o de sinrazón y el olvido.
El libro incluye prosa y se encuentro divido en ocho grandes tópicos: con lugar a dudas, amor vendimia, el faro y otras sombras, papel mojado, laberintos, casco urbano, uno y los otros y final, donde ofrece el poema largo “Zapping de siglos”, una interpretación personal del tiempo y su memoria, una crítica social y política y el cuestionamiento y reflexión en vísperas de la llegada del siglo veintiuno.
Mario Benedetti, en 1997, dio lectura a este poema —hasta ese año inédito— cuando recibió el doctorado honoris causa por la Universidad de Alicante, España. “El siglo próximo es aún/ una respuesta inescrutable [...] el siglo light está a dos pasos/ su locurita ya encandila”.
En “Puntos de vista”, Benedetti (1920-2009) nos confronta con cualquier ciudad que puede ser la nuestra: “A veces cuando vuelvo a mi ciudad/ puedo admitir que es fea/pero cuando la dejo me parece una belleza sin consuelo [...] siempre que vuelvo/ la primavera está ventosa/ y el verano reparte besos húmedos/ parejas desparejas carecen de relojes [...]”
Para el poeta, “enamorarse es una ventana abierta al árbol nuevo”. Una proeza. “[...] las cuadrillas del tiempo hacen escala en el olvido/ la desdicha se llena de milagros/ el miedo se convierte en osadía / y la muerte no sale de su cueva”.
Recurro a Benedetti, —los versos de Benedetti saben a calle y a corazón partido, dice Joaquín Sabina— en este eterno intervalo. En este paréntesis.
Celeste Ramírez