"Everybody Dance in Acapulco", suena la canción de Juan Gabriel desde el ipod -a través de spotify-. ¿Y eso qué?, me cuestionan desde el asiento trasero del automóvil.
Llevo la playlist "Acapulco", una serie de canciones que hablan o han sido inspiradas por la bahía más famosa del mundo, de acuerdo a la Wikipedia. La lista es amplia y ecléctica, un ramillete de posibilidades y combinaciones que incluye – ¡cómo no!- al premio nobel de literatura, Bob Dylan con su Goin' to Acapulco: "I'm bound to meet the sun".
Estoy obligada a conocer el sol, por la pista del sol. Conduzco. Y salta el Acapulco rock, de Enrique Guzmán y algunos minutos después: acapara el "sunrise" de Carlos Santana. Y corre la lista en modo aleatorio con Ringo Starr, Agustín Lara y la Sonora Santanera. Joan Sebastián, los hermanos Zavala y Herb Alpert. (¡Ya cámbiale!, me gritan).
Por la carretera del sol, el Acapulco del amor eterno. ¡Otra vez, JuanGa!, ruge el público de la parte trasera del coche. Sol y mar. "Goin' to have some fun./ Yeah, Goin' to have some fun". (Dylan)
Phil Collins explota con "Loco in Acapulco". Y le sigue Elvis Presley y luego Rigo (es amor) Tovar. Luego los The Monkees, Tito Puente, Leo Dan, Luis Miguel y hasta ¡Belinda!... ¡Ya quita eso, tía!, me exigen dos representantes de la generación milénica. (Pura ruptura generacional, muero de risa).
Una de las más famosas versiones sobre la hechura de la novela Cien años de soledad (1967), señala que en enero de 1965, Gabriel García Márquez imaginó parte de esta historia durante un trayecto (en automóvil) de la ciudad de México a Acapulco.
En ese viaje rumbo al paraíso, el premio nobel de literatura armó el rompecabezas: tuvo claridad en la estructura de la narración. Fue cuando en esencia, encontró la forma en la que habría de escribir y contar su biblia macondiana.
Durante las clases con jóvenes de la generación milénica, al abordar esta novela que ya cumplió su primer medio siglo de vida, he tenido que explicar dos puntos: que cuando el autor alude "soledad", se refiere a la carencia voluntaria o involuntaria de compañía; (y no a la vida de alguien cuyo nombre propio sea Soledad. Y, en segundo lugar, que el título inicia con adjetivo "cien" (con letra, pues) y no con el numeral 100, como lo he visto escrito en algunos blogs.
Después de darle muchas vueltas y postergar lo impostergable, frente al mar de los Cabos terminé de leer Cien años de soledad. Era el inicio de la década noventa y aún no me oxigenaban la vida los milénicos: Bendito sean.
De camino y para la otra, como dicen Los alegres de Terán/Dueto del Sur -¿quiénes son esos?-, en avión hasta Acapulco...