El ataque de Estados Unidos a Venezuela: una puerta hacia lo desconocido

Ciudad de México /

La madrugada del pasado sábado 3 de enero, mientras América Latina dormía, una operación realizada por la Fuerza Delta -unidad de élite del Ejército de EE.UU- con apoyo de la CIA y ataques aéreos contra instalaciones militares en las cercanías de Caracas, concluyó con la detención del presidente de Venezuela Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores. Al menos 40 venezolanos murieron, entre civiles y soldados.

En los últimos meses, Estados Unidos había estado incrementando su presencia militar en el Caribe, sumando miles de efectivos y más de una docena de buques de guerra. Cabe destacar, que, una gran cantidad de esos recursos militares han sido utilizados para consumar una serie de ataques, los cuales han destruido al menos 36 embarcaciones supuestamente usadas para narcotráfico y han matado a 115 personas.

Ese 3 de enero, horas después de que se reportaran las primeras incursiones aéreas en Caracas, el presidente Donald Trump anunció, a través de su red Truth Social, que EE.UU. había llevado a cabo un “ataque a gran escala contra Venezuela” y que Nicolás Maduro y su esposa habían sido capturados y removidos del país. Se indicaba, además, que Maduro se encontraba detenido en el USS Iwo Jima -uno de los buques que forma parte del amplio despliegue militar-. Toda esta era la información con la que despertamos en esta parte del continente.

Si el escenario resultaba ya convulso, hacia las 10:00 a.m tiempo de México, el presidente Donald Trump ofreció una conferencia de prensa en la que declaró: “EE.UU va a estar a cargo del país de tal manera que se pueda dar una transición segura, adecuada y sensata, no queremos que alguien más intervenga y acabar en la misma situación” esto nos permitió entender rápidamente que estábamos presenciando un escenario completamente desconocido.

Posteriormente Trump afirmó que haría que las compañías petroleras estadounidenses entren, gasten miles de millones de dólares, reparen la infraestructura dañada y empiecen a generar ingresos para EE.UU. Con esto, el presidente estadounidense nos dejó en claro dos cosas: que Estados Unidos tiene la intención de gobernar Venezuela -de una manera que no está especificada y por un periodo de tiempo que no está especificado-; y que quiere beneficiar a los intereses petroleros estadounidenses. Por último, vale la pena señalar lo que pareció ser una advertencia: están listos para organizar un segundo ataque mucho mayor “si es necesario”, que sería una ola gigantesca de ataques pero que “ojala no la tengan que hacer”.

A nosotros nos quedan algunas preguntas claves sin responder: ¿Cómo será esta transición “sensata”? ¿De qué manera está colaborando el régimen chavista en Venezuela con Estados Unidos? ¿Quiénes son los ganadores? ¿Y qué será de los perdedores?

Delcy Rodriguez: ¿la pieza de transición?

A pesar del rápido comunicado de Maria Corina Machado en el que expresaba que se encontraba “lista para liderar”, Trump le puso un alto afirmando que sería "muy difícil" para ella tomar el control de su país y que a pesar de era una "mujer muy amable", no contaba con el apoyo en Venezuela para liderar. Dicho lo anterior, habría que resaltar que Trump no mencionó en ningún momento a Edmundo González -legítimo ganador de las elecciones del 2024-.

A quien sí nombró fue a Delcy Rodriguez, sugiriendo que sería la encargada de ejecutar los planes que quiere Washington. No obstante, los hechos no dejan de ser confusos. El discurso de Delcy, televisado en vivo el sábado por la tarde, nos dejó más dudas que certezas; sus palabras se centraron en afirmar que Maduro seguía siendo el líder legítimo de Venezuela. A última hora del sábado, el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela designó a la vicepresidenta ejecutiva como sucesora interina de Nicolás Maduro. Pero ayer domingo por la noche, Trump dejó en claro que no considera que Delcy esté al cargo “Nosotros estamos a cargo” afirmó. Por otro lado, Delcy Rodriguez, a través de redes sociales señaló como prioritario “avanzar hacia un relacionamiento internacional equilibrado y respetuoso entre EE.UU y Venezuela”.

Hipótesis preliminar: el tiempo de transición “sensata” será largo, y bastante convulso. Todo apunta a que el escenario parece ser un golpe interno dentro del chavismo.

La diáspora importa

Mientras tanto, más de una cuarta parte de las y los venezolanos vive fuera de Venezuela. Suman 8 millones de personas en todo el mundo. Quienes partieron de Venezuela se han reubicado especialmente en Estados Unidos, España y otras partes de Latinoamérica, y además, ayudan a millones de los que quedaron y que necesitan de las remesas para subsistir. Es por ello que la reacción de la diáspora no es un dato menor, y representa un acto político en sí mismo.

Desde el Obelisco de Buenos Aires -con venezolanos bailando Aserejé-, pasando por las celebraciones con fricciones en Miami, hasta la Puerta del Sol en Madrid, la diáspora expresó algo más que alegría: se celebró la detención de Maduro y se manifestó un respaldo explícito a la acción, con videos que se viralizaron rápidamente en redes sociales. Ese consenso, construido fuera del territorio tiene efectos directos sobre el país y es parte central de lo que está en juego.

El corolario Trump a la Doctrina Monroe: tiempos oscuros para América Latina

Lo que vimos en Venezuela, que comenzó con el incremento de presencia militar estadounidense y llegó hasta el arresto de Nicolás Maduro, se inscribe en una estrategia mucho más amplia de presiones, económicas, diplomáticas y electorales orientadas no solo a imponer alineamiento estatal con EE. UU., sino también alineamiento ideológico con el trumpismo en la región. Todo con forma de un espectáculo potencialmente rentable , como afirmó Blanca Heredia.

A principios de diciembre, el Gobierno estadounidense formalizó la nueva Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) en la que se presentaron las prioridades de política exterior. En el apartado denominado en español “Hemisferio occidental: el corolario de Trump a la Doctrina Monroe” se sostiene que Estados Unidos buscará reafirmar su control estratégico integral sobre el Hemisferio Occidental como condición indispensable para su seguridad y prosperidad, mediante una actualización dura de la Doctrina Monroe, la cual apunta a excluir a potencias extra hemisféricas del control de activos estratégicos, infraestructura crítica y presencia militar en la región. La estrategia que se describe combina reclutamiento de aliados regionales y expansión de su red de influencia a través de mayor presencia militar, presión económica y diplomacia comercial, condicionamiento de la ayuda y uso explícito del poder financiero y tecnológico para desplazar a competidores externos.

El objetivo final expuesto en el documento es claro: consolidar a Estados Unidos como socio económico y de seguridad dominante, reducir la migración y el narcotráfico, asegurar las cadenas de suministro y garantizar que América Latina y el Caribe permanezcan dentro de un orden regional liderado por Washington. Y en la misma línea para los liderazgos latinoamericanos, el mensaje es inequívoco, la respuesta política debe alinearse con los intereses estadounidenses.

El sábado, luego del ataque, esa advertencia volvió a tomar forma explícita. Sobre Cuba, el canciller de Trump, Marco Rubio, fue directo: “Si yo viviera en La Habana, estaría preocupado”. Sobre Colombia, Trump acusó al presidente Gustavo Petro de “fabricar cocaína” y enviarla a Estados Unidos, y lanzó una amenaza velada: “tiene que cuidarse”. Y sobre México, el diagnóstico fue aún más crudo: “Los cárteles gobiernan México. Ella no”, dijo en referencia a Claudia Sheinbaum, antes de insistir en su oferta de “acabar con los cárteles” y afirmar que “Algo habrá que hacer con México”.

En conjunto, los hechos ponen en evidencia la dificultad actual de América Latina para articular límites comunes frente al despliegue del poder estadounidense, y revela una región fragmentada, sin una respuesta coordinada ante una estrategia que mezcla presión, espectáculo y pretensiones de subordinación.


  • Celeste Tossolini
  • Maestra en Ciencia Política del CIDE.
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