No ha habido mes en que los hijos mayores del ex presidente Andrés Manuel López Obrador no sean foco de algún escándalo, tendencia o crítica en México.
Desde el sexenio de su padre los tres adultos Andrés Manuel, José Ramón y Gonzalo López Beltrán se inmiscuyeron en asuntos públicos o llamaron la atención por su alto -caro- estilo de vida.
Mientras López Obrador estaba en Palacio Nacional sus hijos no tuvieron empacho por participar directamente en varios de los más grandes proyectos del primer de la 4T. En algunas ocasiones lo hicieron público porque dijeron que lo hacían de manera honorífica, sin costo para el erario, otras los descubrieron investigaciones periodísticas.
Al cambio de presidente los hermanos López Beltrán no solo siguieron con su mismo estilo de vida, sino que “Andy” se colocó como segundo en el organigrama, pero primero en el mando de la dirigencia nacional de Morena jalando más reflectores hacia él y sus hermanos ante la presunción -yo diría evidentemente fundada- de que desea seguir los pasos de su padre y ocupar Palacio Nacional.
Sin embargo, el estilo de vida de él y de sus hermanos más grandes, más los malos resultados electorales de su partido en elecciones locales y las imágenes de él vacacionando en hoteles y destinos de lujo han pesado más que la posible operación política interna por posicionarse como el heredero natural de lo que llaman “el movimiento”.
El problema para ellos no es su estilo de vida ni sus negocios con el poder, parece que no lo ven así, para ellos el problema es que ya no los arropan como lo hacía su padre desde Palacio Nacional. Incluso, en columnas se ha divulgado la versión de que los tres habrían recibido un aviso a nombre de Palacio Nacional en donde se les advirtió de tener cuidado y ser prudentes, porque ellos no son AMLO.
Lo singular es que la respuesta habría sido utilizar su mismo peso mediático para presionar al poder. Los tres saben que son observados todo el tiempo y que se sabrá donde están, con quien se reúnen, en dónde compran, en dónde comen, en dónde se divierten, y saben, por tanto, que el que circulen imágenes de todo ello raspa, afecta a “el movimiento” y al gobierno central.